Conferencia de Embajadores - Discurso del Presidente de la República, Sr. François Hollande [fr]

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París, 28 de agosto de 2014

Sr. Presidente del Senado,

Sr. Ministro de Asuntos Exteriores, estimado Laurent Fabius,

Señoras y Señores Ministros,

Señoras y Señores parlamentarios,

Señoras y Señores embajadores:

Nos hemos reunido para esta Conferencia que se ha convertido en una cita inevitable, un rito, pero que se sitúa, hoy, en un contexto particularmente complicado.

En el corazón del Oriente Medio, una organización bárbara intenta tomar la dimensión de un Estado para imponer un califato. Nada más que eso.

Al Este de Europa, un conflicto que ya provocó más de 2 000 muertes, pone en tela de juicio los principios sobre los cuales nuestra seguridad colectiva estaba fundada desde el final de la guerra fría.

Al Oeste de África, una plaga sanitaria se añade al espectro terrorista y abruma a países que, hasta este momento, habían sido considerados como los más dinámicos del mundo en el plano económico.

Estas crisis que pueden parecer dispares, ya no pueden verse como específicas o regionales: son globales e internacionales. No son extranjeras a nosotros, nos conciernen directamente. Y no es porque están lejos que no tienen ramificaciones, aquí mismo. Nos atañen entonces a todos casi de manera personal.

Cuando un avión civil es derribado en el cielo ucraniano, cuando se prepara a combatientes del odio para llevar a cabo sus tareas criminales hasta aquí en nuestros países, y cuando se secuestra y asesina a periodistas en condiciones espantosas, a todos nos atañe.

Francia está consciente de la extrema gravedad de estas amenazas.

Ante ellas, Francia no puede seguir estando indiferente o como espectadora. No sería coherente con su historia, y menos aún con nuestro estatus de miembro permanente del Consejo de Seguridad. No sería compatible con nuestro interés bien comprendido y con nuestra vocación de gran país portador de valores. Este es el sentido de nuestra política exterior: actuar por la paz y la seguridad del mundo. Este es el trabajo incansable de nuestra diplomacia, bajo la conducción de Laurent Fabius, cuya acción elogio una vez más.

Francia está en movimiento. En todos los frentes.

En primer lugar en Medio Oriente.

Aquí mismo, el año pasado, manifestaba mi convicción de que una intervención internacional era necesaria en Siria. Luego de la utilización, por parte del régimen, de armas químicas, era necesario impedir nuevas masacres. Les decía que la inacción significaba actuar en el interés de los extremistas. ¡Desgraciadamente, la demostración está ahí, y es implacable!

Lamento que la movilización internacional para solucionar la situación en Siria haya fallado, en particular, en el Consejo de Seguridad. Constatamos ahora todas las consecuencias de ello: el régimen de Bachar EL ASSAD prosigue, sin moderación alguna, su política de represión; los refugiados se acumulan, cada día más numerosos, en los países vecinos; y los grupos terroristas ganan nuevas posiciones. Este es el resultado.

Pero el peligro no sólo ha crecido, lo cual ya sería un peligro. Se ha vuelto inmenso. El conflicto ya llegó a Irak, un país -por razones acerca de las cuales ya no retomaré en esta intervención- que ya estaba sometido a las divisiones, a los conflictos inter religiosos y a la inestabilidad. El Estado islámico, en todo caso que se pretende como tal, aprovechó el vacío para instalarse, porque el terrorismo se alimenta siempre del caos.

Este grupo conquistó grandes extensiones del territorio iraquí, además de lo que tenía ya casi en posesión en Siria. Amenaza tanto a Bagdad como al Kurdistán iraquí. Ataca a las minorías: los cristianos de Irak, los Yazidis y otras también. Por ello Francia ha decidido asumir sus responsabilidades: aportó una ayuda para apoyar a las poblaciones refugiadas, en particular, al Kurdistán de Irak; Francia suministró también armas a las fuerzas comprometidas en primera línea contra el Estado islámico. Desde entonces, y qué bueno, otros países europeos se unieron a nosotros, pero no podemos contentarnos con ello. Nuestro apoyo debe ampliarse para preservar la unidad de Irak y permitir a cada comunidad vivir en paz.

Por esta razón lancé una iniciativa, cuyo objetivo consiste en mejorar la coordinación (cuando digo “mejorarla”, significa organizarla) de la acción internacional contra el Estado islámico, en los planos humanitario, de seguridad pero también militar. Este es el sentido de la conferencia internacional que Francia propone reunir aquí mismo, en París, en cuanto se haya constituido el Gobierno iraquí.

Ya que para vencer al Estado islámico, para vencer al terrorismo, la primera condición, es que los mismos Iraquíes se unan.

Para vencer al Estado islámico, para vencer al terrorismo, es necesario también que la comunidad internacional evalúe la dimensión del peligro y organice una movilización a esta altura, de acuerdo con el derecho internacional.

Para vencer al Estado islámico, cada país debe también comprometerse a luchar contra los sectores djihadistas, las agrupaciones del terrorismo internacional y prevenir que los jóvenes fanáticos se desplacen a las zonas de combate. Se convocará al Consejo de Seguridad el próximo 25 de septiembre. Francia, por su parte, no ha esperado puesto que ya hemos puesto en marcha un plan anti-djihadistas, que se adoptó en Consejo de Ministros en el pasado mes de mayo.

Una amplia alianza es necesaria, pero quiero que las cosas queden claras: Bachar EL ASSAD no puede ser un socio de la lucha contra el terrorismo. Es el aliado objetivo de los djihadistas. No hay decisión posible entre dos barbaries porque se mantienen mutuamente.

Francia aporta también su apoyo a los países de la región que reciben a los refugiados. Me refiero a Jordania pero también a Turquía y forzosamente al Líbano. En la actualidad, la tercera parte de la población que vive en el Líbano es de origen sirio, por lógica. Al Líbano, estamos unidos por un pacto de amistad y velamos por preservar, tanto como es posible, la unidad de este país amigo. Ahí una vez más, hemos decidido suministrar a su ejército, en enlace con Arabia Saudita, medios operativos. Le son indispensables para garantizar la seguridad en una región ya de por sí atormentada, y no sólo por lo que sucede en Siria e Irak, sino también tomando en cuenta el resurgimiento del conflicto israelo-palestino que se ha caracterizado, estas últimas semanas, por una fase dramática.

Es la tercera crisis de Gaza en 6 años –después de la de 2008 y la de 2012– pero ésta ha sido también la que más muertes ha causado (más de 2 200 personas).

Por el momento, se ha logrado y negociado un cese al fuego en El Cairo. Quiero elogiar a todos los que contribuyeron a él. Francia desempeñó su papel. Cada una de las partes asumió compromisos que deben entonces estrictamente, precisamente, rigurosamente respetarse pues Gaza no puede seguir siendo más una base armada para Hamas, ni tampoco una prisión a cielo abierto para sus habitantes. Es necesario ir hacia una supresión del bloqueo progresiva y una desmilitarización del territorio.

Francia, una vez más, hizo propuestas para garantizar una supervisión internacional para la destrucción de túneles; asegurar la reapertura de los puntos de paso entre Gaza por una parte, Israel y Egipto por otra parte; y dar a la Autoridad palestina los medios para responder a la crisis humanitaria y emprender de nuevo, digo bien de nuevo, la reconstrucción de Gaza.

Es el camino de la paz que conviene encontrar. Lo más pronto posible. Cada uno conoce las condiciones y los parámetros. Voy a repetirlos: un Estado palestino democrático y viable, que viva al lado del Estado de Israel en seguridad. Pero vemos claramente que las fórmulas acaban por agotarse. La negociación por la negociación ya no basta, pues nunca se logra. Debemos darle siempre su oportunidad y la responsabilidad corresponde a las partes en conflicto. Pero corresponderá a la Comunidad internacional tomar la iniciativa.

El papel de los Estados Unidos es decisivo. Pero el de Europa no lo es menos: debe actuar y utilizar todo el potencial, por ejemplo, de la iniciativa árabe de paz, que no se ha tomado suficientemente en cuenta desde 2002. Europa es quien hace mucho para reconstruir, desarrollar Palestina. Europa es también quien debe también ejercer presión, sobre unos y otros, y no ser simplemente una ventanilla a la cual uno se dirige para borrar las heridas de conflictos recurrentes.

De forma paralela, tenemos que encontrar una salida a las discusiones con Irán, porque allí también todo está ligado. Nuestro objetivo es tan simple que apenas puedo decirlo: hacer que Irán renuncie al acceso al arma nuclear.

Francia ha dado fe de su firmeza y Laurent Fabius, en un momento decisivo, fue particularmente claro en las negociaciones. Francia también dio fe de su disponibilidad y yo mismo fui uno de los primeros Jefes de Estado occidentales en entrevistarse con el Presidente iraní ROHANI: fue el año pasado, con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero constato que las discusiones entre Irán y el 5+1 se aplazaron, después de haber sido enterradas por yo no sé qué condiciones planteadas y que no tenían razón de ser. Del mismo modo, hay siempre voces que se elevan para decir que sería bueno vincular las negociaciones con Irán, sobre lo nuclear, con la situación en Irak: rechazo cualquier vínculo al respecto, no tendría ningún sentido. Irán debe simplemente tener el valor de tomar las medidas que darán fe, de manera comprobable e incontestable, de su renuncia a tener una capacidad nuclear militar.

Es verdad que la crisis iraquí demuestra que nuestras preocupaciones no siempre divergen con Irán y que este país puede ser un interlocutor si decide, es la condición esencial, inscribirse dentro de los principios que permiten un intercambio sincero y útil. Francia está en la mejor disponibilidad de considerar a Irán como tal, pero con estas condiciones y únicamente bajo estas condiciones.

Esto es entonces lo que debería movilizarnos para la paz y para la seguridad: el Medio Oriente, el Cercano Oriente.

Pero la paz y la seguridad están amenazadas también al Este de Europa. A unas cuantas horas de avión de aquí.

Nuestro continente tiene, en Ucrania, una de las crisis más graves desde el final de la guerra fría. Quiero manifestar ante ustedes la posición de Francia sobre este grave tema.

Por una parte, Rusia debe respetar la soberanía de Ucrania, ya no dar su apoyo a los separatistas y llevarlos a aceptar un cese al fuego bilateral. Rusia debe controlar efectivamente su frontera y terminar con las transferencias de armas y materiales. Si se llegara a probar que soldados rusos están presentes en el suelo ucraniano, sería por supuesto intolerable e inadmisible.

Por la otra, las autoridades ucranianas deben dar muestras de moderación en las operaciones militares y decidir una amplia descentralización en beneficio de las regiones de habla rusa descartando al mismo tiempo todas las provocaciones.

La solución a la crisis en Ucrania es política, no militar. Por ello el pasado 6 de junio, en las conmemoraciones del Desembarco, aproveché la oportunidad de la presencia del Presidente Putin y del Presidente Porochenko para permitir que hubiese este primer encuentro. La presencia de Angela Merkel fue útil en ese momento. Desde entonces, la Canciller y yo mismo hemos continuado nuestras gestiones para entrelazar los hilos, reanudar las negociaciones. A veces lo hemos logrado, pero hasta el momento no hemos podido llegar a un arreglo de la situación.

Los europeos se vieron obligados a reforzar las sanciones: se mantendrán forzosamente e incluso se aumentarán inevitablemente, si la escalada continúa. Lo digo claramente: no deseo llegar a ello. No es en el interés de Rusia, no es en el interés de Europa, no es en le interés de Francia. Rusia, que no puede a la vez aspirar a ser una potencia reconocida del siglo XXI y no respetar las normas, sufre, ahora mismo, un aislamiento creciente y las consecuencias de una desaceleración de su crecimiento son claras, debido a las sanciones.

Esta contradicción, corresponde solucionarla obviamente en primer lugar al Presidente ruso. Dije varias veces a Vladimir POUTINE que Francia y la Unión Europea deseaban proseguir la profundización de nuestras relaciones con Rusia. Porque Rusia es un gran país, porque Rusia tiene también su destino en el continente europeo y porque hay un lazo histórico, cultural, económico entre Rusia y Francia.

Pero, hoy, la crisis ucraniana es un bloqueo. ¡Razón de más para levantarlo rápidamente! Francia está lista para hacerlo con Alemania. Hago nuevamente la propuesta de reunirnos en el formato llamado ahora “Normandía” - ¡la marca está registrada! - para lograr un acuerdo global. Pero no vamos a reunirnos los cuatro si las condiciones de este acuerdo no se plantean.

Nuestra disponibilidad está entonces ahí, estamos trabajando en ello con la Canciller. La respuesta debe venir, en particular, del lado ruso.

La paz y la seguridad de Europa no sólo se juegan en Europa, sino también lejos de Europa. Mencionaba el Medio Oriente, el Cercano Oriente. Debo hablar de África.

Es un continente amigo con quien la Historia, aquí también, nos une. Las conmemoraciones de este año nos volvieron a recordar lo que habían hecho los Africanos, durante la Primera Guerra Mundial y durante la Segunda, para garantizar nuestras victorias, es decir, nuestra libertad. Queda entonces ese lazo de sangre que permanece. Pero hay también la convicción de que África es el continente del crecimiento.

En este momento, los embajadores pueden dar fe de ello: África se cubre de proyectos, pone en marcha infraestructuras, explota sus recursos mineros, hace esfuerzos considerables en materia de nuevas tecnologías o incluso de transición energética. Tan sólo en 2013, seis de las diez economías más dinámicas del mundo son africanas. Como para que la visión que muchos tienen de África, deba cambiar.

En la Cumbre del Elíseo en diciembre pasado, intentamos modernizar la tradición de los encuentros entre Francia y África. Tomamos decisiones importantes. En primer lugar, Francia va a consagrar 20 mil millones de euros durante los próximos diez años para el desarrollo de África. La Agencia Francesa de Desarrollo desempeñará un papel de primer plano en esta estrategia. Tuvimos incluso la idea -con las empresas, porque nada puede hacerse sin las empresas- de que una Fundación Franco-Africana para el crecimiento podía permitir ser una palanca, para que pudiéramos ser útiles a África y útiles también a nuestras empresas. Esta fundación se está poniendo en marcha e iniciando sus primeras acciones.

Pero al mismo tiempo que hablo de África, por los lazos que nos unen por la historia, por la economía, por los lazos humanos, debo también hablar de África como un continente vulnerable. La epidemia Ebola que, una vez más, es la demostración trágica de ello, habría suscitado una reacción todavía más rápida. Esta epidemia ya hizo más de 2 000 víctimas - y todavía no hemos contabilizado a todas ellas…

Desde el principio de esta epidemia, Francia se implicó –tanto el Ministerio de Asuntos Exteriores como el Ministerio de Asuntos Sociales y de Salud. Los expertos del INSERM y del Instituto Pasteur identificaron la presencia del virus desde el principio. Hoy, estos mismos expertos contribuyen activamente al diagnóstico y a la vigilancia de la enfermedad. Están presentes, valerosamente presentes, in situ.

Quiero rendir también un homenaje las organizaciones no gubernamentales presentes para formar, apoyar, curar a los enfermos y constatar, por desgracia, los destrozos del virus. Francia debe mostrar su solidaridad, que no sólo es financiera: debe ser también científica, humana.

Se adoptaron todas las medidas también para proteger a nuestros ciudadanos. Medios militares –y se lo agradezco al Ministro de Defensa– se desplegaron para garantizar una capacidad de evacuación sanitaria, la cual se ha puesto a disposición de la Organización Mundial de la Salud.

Las epidemias se acomodan en la pobreza y son los productos de la fragilidad de los sistemas de salud. Por ello Francia, así lo decidí, ha mantenido la contribución que entrega al Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, el paludismo y la tuberculosis.

De una manera general, incluso en estos momentos en que pasamos por lo que se llama “dificultades presupuestarias” (en realidad, tenemos déficit desde hace más de diez años, pero decidimos simplemente reducirlos), incluso en este contexto que cada uno conoce, Francia sigue figurando entre los primeros donantes mundiales en materia de desarrollo, aumentando la concentración de sus medios: en 2013, la ayuda de Francia en dirección de los países menos avanzados aumentó en una tercera parte con relación a 2012. No lo hacemos simplemente por generosidad, lo hacemos también porque estamos conscientes de que esta miseria y esta pobreza pueden crear un caldo de cultivo para el terrorismo.

África, a pesar de sus ventajas, es un continente amenazado por la inseguridad. Cada vez que un país amigo es víctima del terrorismo, estamos a su lado. Cada vez que ha sido también víctima de un riesgo de confrontación que puede desembocar en masacres o incluso en genocidio, estamos a su lado: sin nada que pedir a cambio, sin tener ninguna idea de contrapartida o de interés mercantil.

El pasado mes de diciembre, intervinimos en la República Centroafricana, evitamos lo peor, estoy diciendo lo peor. Fuimos los primeros, hablaré de ello después. Pero hoy día, la Unión Europea hace un excelente trabajo con el EUFOR. Los cascos azules en algunos meses –era por cierto nuestra voluntad– van a tomar el relevo. Estamos también preocupados porque el Estado centroafricano se reconstituya y que podamos tener, al mismo tiempo, una transición democrática. Eso quiere decir elecciones.

En Malí, la decisión se había tomado a principios del año 2013. Algunos pájaros de mal agüero nos habían dicho que no estaríamos ahí mucho tiempo… Hicimos nuestro trabajo. Celebro la acción que pudieron llevar a cabo el Ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, y las fuerzas armadas. El resultado está ahí: se restableció la democracia, los proyectos de desarrollo vuelven a arrancar y la reconciliación, que está en curso, tardó, es verdad. Y Francia apoya, sin reserva, la acción de Argelia en favor de este proceso.

Por lo que se refiere a nuestras fuerzas armadas, éstas contribuirán, bajo otras formas, a nuestra presencia militar. La adaptamos y tomará otras formas para evitar el resurgimiento del terrorismo. Es la operación Barkhane que hace que estemos menos presentes en Malí y más todavía en lugares donde ya estábamos instalados. Procuramos que con 3 000 hombres podamos garantizar la seguridad de África Occidental.

Pero inmediatamente, después de haber cerrado un riesgo, descartado una amenaza, otro peligro surge. Lo vimos en Nigeria: Boko Haram con su intención de construir un califato. ¿Qué hicimos? Establecimos una reacción internacional, reuniendo aquí a los países de la región (lo que solemos llamar los países de la cuenca del lago el Chad) y permitiendo que la inteligencia, los intercambios de información, las posibles acciones pudieran coordinarse. Nigeria –vigésima potencia económica del mundo, la economía más dinámica de África y sin duda la primera– vive con la amenaza de Boko Haram. Nigeria tiene confianza en Francia y Francia hará todo lo necesario para preservar la capacidad de Nigeria para ser una gran economía y un gran país democrático.

Pero voy a decirles ahora mi preocupación mayor, en este momento incluso, aunque haya tantos temas de inquietud y vigilancia. Se trata de Libia.

La confusión es total, grupos djihadistas tomaron el control de sitios importantes y no sólo sitios petrolíferos. Hay dos parlamentos, dos Gobiernos, incluso si para nosotros sólo hay uno legítimo. Hoy día hay milicias y, en el sur de Libia, hay una formación de grupos terroristas que espera intervenir.

Si no hacemos nada –no oigo nada serio, nada de política, nada de internacional– el terrorismo se extenderá en toda esta región. Entonces, Francia pide a las Naciones Unidas, porque son ellas quienes deben asumir sus responsabilidades, organizar un apoyo excepcional a las autoridades libias para restablecer su Estado. Debemos también estar muy atentos con relación a los vecinos de Libia: Egipto, pero también Túnez, porque Túnez puede ser el ejemplo del éxito de las primaveras árabes. Se habían ido de allí y hay que temer que sea el único resultado. Pero es necesario todavía preservarlo.

Para responder a todas estas tensiones, a todos nuestros deberes, a todos los riesgos, Francia dispone de una herramienta militar eficaz. Por ello decidí mantener los créditos de la ley de programación militar. Cada uno considera que es una elección obvia. Cuando se deben reducir los déficit, cuando se registra un bajo crecimiento, ha sido necesario, no sólo por la insistencia del Ministro de Defensa, sino por toda la convicción que debemos tener todos nosotros, para que tomemos bien nota de que tener una herramienta de defensa, no es sólo un elemento de poder, sino que es una condición incluso para nuestra propia seguridad.

Pero no podemos simplemente quedarnos en los volúmenes de créditos sobre los cuales veo a especialistas disertar por el más mínimo céntimo de euro. Lo que cuenta, es el uso de estos créditos: ¿se les emplea para adaptarnos mejor a las amenazas? De ahí el reto de la ciberdefensa, por ejemplo, pero también de la inteligencia. Por ello he velado por que las capacidades de la DGSE puedan también fortalecerse.

Decía que a veces corremos el riesgo –no se nos reprocha en el extranjero, es excepcional, sino en Francia– de actuar solos. Respondo que no estamos solos, somos los primeros. Es muy diferente. Somos a veces pioneros en la solidaridad internacional. Mi intención es siempre la de actuar con nuestros socios europeos. Porque hoy más que nunca, tengo la convicción de que Europa debe estar presente como tal en un mundo donde la neutralidad ya no está permitida.

La ambición miles de veces repetida de una verdadera Europa de la Defensa –sobre todo por parte de aquellos que no hacen nada– debe ahora convertirse en una realidad. La Unión Europea no puede esperarlo todo de uno o dos Estados miembros –diría esencialmente de uno, es decir, Francia– para garantizar la parte fundamental del compromiso presupuestario y humano en beneficio de la seguridad de todos. Esta toma de conciencia y el hecho de compartir el esfuerzo son las condiciones del fortalecimiento de Europa en la escena internacional.

Dentro de algunos días, iré a la cumbre de la OTAN que debe definir su misión y saber para qué sirve. Hay una idea que vamos a promover: dotar a la Alianza con una capacidad de reacción rápida, para hacer frente a las crisis, y en la cual cada país miembro asuma la parte que le corresponda.

Francia es un país que cuenta en la escena internacional, gracias a su diplomacia, gracias a la herramienta de defensa. Pero el futuro de Francia, es también su economía. Los atributos de la potencia, los atributos de la influencia, no están únicamente ligados a la política exterior. Es también lo que somos capaces de hacer en el plano de la economía, la industria, nuestra competitividad. Se me dice que estoy muy lejos del tema. No, estoy en el tema porque Francia debe movilizar todas sus ventajas, todas sus energías para mantenerse a su nivel. En la actualidad, es la quinta potencia económica del mundo.

Por esta razón comencé el pacto de responsabilidad y solidaridad y definí también una estrategia de competitividad para que las empresas sean más modernas, más fuertes y que nuestro comercio exterior pueda reequilibrarse.

Por cierto, considero que la reactivación del comercio exterior forma parte de la política exterior. Es la razón que justificó que pudiéramos reunir, en torno al Ministro de Asuntos Exteriores, los servicios y los medios del comercio exterior. Es su papel también hoy, Señoras y Señores embajadores.

Para apoyar a nuestras empresas en la exportación, debemos revisar cierto número de nuestros dispositivos. La simplificación, ahí también, tiene su lugar con una unidad de control. Lo que hace a menudo el encanto de Francia, es la pluralidad de protagonistas, incluyendo a los administrativos. Es mejor concentrar, para decidir mejor y para actuar más rápidamente.

Sé que es una nueva misión para ustedes. Están al tanto del reto y les pido ejercerlo con todos los Ministerios, todos los operadores y, en particular, el Banco Público de Inversión y todas las regiones francesas que hacen también mucho para el desarrollo de las exportaciones. Nuestro objetivo, son las PYMES que deben estar todavía más a escala internacional. Y debemos concentrarnos también en ciertas zonas geográficas.

En primer lugar Asia, en donde se encunetra el crecimiento más fuerte.

El año 2014 estuvo marcado por el quincuagésimo aniversario del reconocimiento por parte de Francia de la República Popular China. Los chinos estaban muy interesados en ello. Recibimos al Presidente XI Jinping. Él mismo me había recibido en China. Firmamos acuerdos importantes de un valor de 18 mil millones de euros. Tenemos todavía un déficit de más de 25 mil millones de euros con China. ¡Hay pues un margen! Es lo que hicimos que se comprendiera. El reequilibrio del comercio exterior no es una decisión administrativa, pero supone que tengamos un diálogo con China y la capacidad de ofrecer tecnologías, inversiones, competitividad…

Con India, tenemos también una relación de confianza. La alternancia no cambió nada. Con el nuevo Primer Ministro Narendra MODI, establecimos un programa de trabajo. Tenemos confianza para una serie de contratos. Lo invité a venir a París para antes de que acabe el año.

Con Japón, ahí también, procuramos que la confianza esté presente. Efectué una visita de Estado en junio de 2013 y recibí al Primer Ministro ABE en mayo de 2014. Consolidamos asociaciones en materia política en particular –en materia de defensa y democracia– y sobre el nuclear civil, cuestión eminentemente sensible. Procuramos tener una cooperación de alto nivel con respecto a las consecuencias de Fukushima.

Pero quiero ir más lejos, debemos hacer un trabajo con todos los países de la región. Voy a citarlos a todos, porque todos son importantes: Corea del Sur, Vietnam, Indonesia, Singapur, Malasia, Birmania, Mongolia, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda. No quiero descartar a ningún país y voy a pedir a todos los miembros del Gobierno que hagan una serie de viajes. Pido a los embajadores organizarlos.

Yo mismo, como ustedes saben, iré a Australia en el marco del G20. Haré una visita a este país al que, hasta ahora, ningún Presidente de la República Francesa había ido. ¿Por qué digo eso? No porque cedería a un modo “Asia-Pacífico”, en donde estaría el crecimiento de mañana, sino porque hay allí una población, un dinamismo y también un reto. Además, en estos países, la imagen de Francia es buena, por no decir excelente. Hay una demanda de cultura y de productos franceses.

Hay otra región del mundo donde debemos estar todavía más presentes: América Latina. Es un polo mayor. Nuestras empresas lo han comprendido perfectamente y están invirtiendo más en estos países. Debemos también hacer cooperaciones tecnológicas. Fui a Brasil en el marco de una visita de Estado, a finales del años pasado. Fui a México, a principios de 2014. Debo decir que lo que pusimos en marcha, con el Consejo Estratégico Franco-Mexicano, es un ejemplo que debe seguirse para todos los grandes países, en particular, en América Latina: asociar no sólo a los diplomáticos y a los responsables políticos –eso es algo que podemos hacer sin dificultad– sino asociar a las empresas, a los protagonistas culturales, a las personalidades, a los que se quieren recíprocamente… Este es el caso entre Francia y México, a pesar de la Historia o debido a la Historia.

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Hemos traspuesto este modelo y viajaré en Argentina, Chile y Perú en 2015.

De manera global, quisiera insistir ante ustedes, a pesar de la gravedad de la coyuntura que vivimos (hablo de la coyuntura política internacional), sobre el reto de la atractividad. Debemos multiplicar las decisiones de inversión creativa de empleos en Francia. Ahí también, se trata de una tarea que deben ustedes efectuar. No sólo atraer empresas para que vengan a los países amigos, con el fin de desarrollar una corriente de intercambio, sino suscitar también en los países en donde están un interés por Francia, para inversiones en Francia.

Laurent Fabius, con el Ministro del Interior, ha procurado que podamos simplificar la expedición de visas para los inversionistas, los empresarios, los estudiantes, los investigadores… Porque era de cualquier forma una paradoja: se quería que la gente viniera, pero no se les permitía hacerlo. Lo cual es complicado para invertir, a menos de hacerlo por Internet pero eso no siempre ha dado los resultados esperados…

De la misma forma, el turismo se ha convertido para nosotros en un elemento de atractividad. Es el principio mismo, el símbolo mismo, del poder de atractividad que quiere venir a vernos. Somos el primer destino turístico del mundo. Eso halaga nuestro orgullo…

Pero no somos el país que tiene el mayor excedente en su balanza turística. Eso lastima nuestras prácticas… Debemos procurar que podamos proponer productos, equipamientos, y ser lo más acogedores posible, porque si no se recibe bien a la gente, no hay ninguna razón para que vengan a vernos. Eso comienza, y Laurent Fabius lo comprobó por sí mismo, en el aeropuerto.

No vamos a hacer que los embajadores vayan en las estaciones de trenes para convertirse en responsables de recepción… ¡Pero si fuera necesario, lo haríamos! Lo que debemos hacer, es que el conjunto de los protagonistas económicos se movilicen con respecto a esta ambición. Di una cifra: el turismo, es el 7% del PNB, representa dos millones de empleos. Vemos que tenemos, puesto que somos el país más hermoso del mundo, cierto número de márgenes que deben construirse. Lo haremos con la cultura.

La cultura: no es una forma de excelencia francesa que proponemos del mundo con obsequiosidad y con la preocupación de que nuestra lengua pueda hablarse sin que hagamos un esfuerzo para que sea así. La cultura es un vector, no sólo de influencia, no sólo para compartir, sino también de desarrollo económico. La batalla de las industrias culturales –lo vemos claramente– va a llegar pronto, con operadores que van a venir, a partir de este otoño, para proponer sus productos. Podemos erigir barreras, fijar cordones sanitarios a nivel cultural, y perderíamos por adelantado… Lo que es necesario, es ser los mejores, defendiendo al mismo tiempo la excepción cultural. Es lo que vamos a hacer en todas las negociaciones internacionales.

Las industrias culturales deben ser para nosotros un reto mayor como, por cierto, el desarrollo internacional de nuestras universidades, de nuestras grandes escuelas. Porque debemos permitir a más jóvenes franceses descubrir el mundo. No tenemos nada que temer, cuando vemos a una serie de jóvenes titulados ir al extranjero –lo contrario sería pernicioso– a condición por supuesto que regresen y que vengan a dar su talento a su propio país que los formó. ¡No olvidemos nunca quién formó, porque no somos nada sin la República!

Y bueno, también está la recepción de estudiantes extranjeros en Francia. Ahí también, debemos procurar que haya todavía más, porque es una condición para nuestra propia influencia.

La proyección, es la francofonía. Jacques Attali acaba de entregarme un informe que hace hincapié en el inmenso activo económico que la francofonía puede representar. Quiero que la dimensión económica de la francofonía esté presente, en la próxima cumbre de la OIF en Dakar, en el mes de noviembre.

Finalmente, defender el lugar de Francia en el mundo, es también abogar por los lugares principales de la toma de decisiones, en particular, el G20, por un crecimiento más fuerte y más equilibrado. Es lo que haremos en Australia, en Brisbane. Seguiremos inscribiendo en el orden del día, las cosas han progresado, el reglamento financiero y la cooperación fiscal internacional.

No creamos que, ahí también, estamos aislados en este combate. Estados Unidos e incluso un país como el Reino Unido vinieron a apoyar. Porque es en el interés de todos que las finanzas negras o grises puedan erradicarse y que las condiciones fiscales de la competencia puedan precisarse.

Finalmente, hay una gran cita –la hemos fijado incluso organizándola– la Conferencia sobre el clima a finales del año 2015. Cada día, cada minutos incluso, las consecuencias del calentamiento climático se hacen cada vez más devastadoras. Generan catástrofes, desplazamientos de población, inestabilidad política y conflictos sangrientos.

Todo el Gobierno, y estoy diciendo claramente todo el Gobierno, está movilizado. Es el reto del siglo. Quiero elogiar también la acción de Nicolas Hulot quien, a mi lado, coordina las iniciativas de la sociedad civil, es decir, las empresas, los investigadores, los ciudadanos, en todos los continentes con relación a este reto.

En septiembre, viajaré a la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno sobre el clima organizado por Ban Ki-moon, en las Naciones Unidas. Anunciaré la estrategia de acción de Francia para la preparación de la Conferencia de 2015, la COP21. Ya ha dado mi apoyo al planteamiento del Banco Mundial para dar un precio al carbono. Porque si se quieren reorientar las inversiones hacia la eficacia energética y las energías limpias, es necesario que la contaminación tenga un costo. Francia participará también en la capitalización, tan esperada, del Fondo Verde para el clima, para antes de fines de año.

Si queremos convencer -no es fácil, recordemos los grandes fracasos en Copenhague: se deben seguramente al método, pero se deben también a la reticencia, a la resistencia de una serie de países- debemos ser ejemplares en Francia y ejemplares en Europa.

En Francia, lo somos, puesto que este otoño, la Sra. Royal, Ministra de Ecología va a presentar el proyecto de ley sobre la transición energética y el crecimiento verde. Las dos fórmulas son importantes. La transición energética podrá estar lista para la del clima. Pero también el crecimiento verde porque son activos para nuestro propio desarrollo económico.

Europa deberá muy pronto, a finales del año, determinar su política energética y climática para 2030.

Señoras y Señores embajadores: les pido colocar la COP21 en la parte medular de sus prioridades. El Ministro de Asuntos Exteriores les definirá a lo largo del día, cómo lograrlo.

Me gustaría concluir con el reto mayor que representa Europa para nuestro país. En las elecciones europeas, no sólo en Francia, sino, en particular, en Francia, los ciudadanos expresaron su desconfianza, y también sus exigencias.

La respuesta es que Europa debe cambiar. Debe poner en tela de juicio cierto número de políticas, hacer más clara su organización, recuperar el apoyo de los pueblos… y sobre todo ganar la batalla del crecimiento y el empleo. ¿Por qué?

Porque uno de cada cuatro jóvenes en Europa está desempleado. Porque la reactivación es muy débil. Porque la inflación es demasiado baja. Porque el Euro es demasiado caro. Porque Europa se encuentra amenazada por un largo y quizás interminable estancamiento económico, si no hacemos nada.

Actuar, es hacerlo en primer lugar a escala nacional. Es lo que Francia está haciendo. No ha esperado la reorientación de Europa, incluso si trabaja en ello para hacer sus reformas. Estas reformas han comenzado en numerosos ámbitos, con la preocupación de la competitividad y la justicia.

Pero estas reformas llamadas estructurales deben tener este objetivo: mejorar el resultado económico y social de nuestros países. Estas reformas sólo podrán funcionar si Europa se moviliza también y crea un contexto. Los dos están vinculados. No esperemos todo de Europa, pero no pensemos que sólo las reformas estructurales (necesarias, indispensables) y la reducción del déficit público (que debemos proseguir) bastarán. Es necesario que haya un espíritu, una coordinación y también decisiones.

El BCE ha comenzado a actuar. Pero mucho dependerá de la forma en que los bancos capten esta liquidez del BCE y la pongan a disposición de la economía. Vivimos a pesar de todo una paradoja: nunca antes las tasas de intereses habían sido tan bajas. No hablo de las tasas de interés francesas que son históricas. Estamos hoy a 1.30 en los mercados, con una diferencia entre las tasas francesas y las tasas alemanas de 0.3. Nunca había sido tan bajo.

Al parecer, todo va bien. ¿Los capitales se invierten, las tasas de intereses son bajas, pero la inversión tarda, ¿por qué? Porque el canal de transmisión no es automático. Hay un problema de transmisión de la política monetaria, sin embargo muy favorable al crédito, a las empresas que no acceden suficientemente a estos créditos. Por ello, organizaré en el mes de septiembre los Encuentros del Financiamiento para la Inversión, para que poder tener aún más movilización para la inversión.

El BCE asume sus responsabilidades. Mario Draghi hizo declaraciones. No voy a interpretarlas porque eso no sería forzosamente hacerle un favor y hacernos un favor al mismo tiempo. Pero de forma paralela, la BCE puede, como lo dijo, ir más lejos en caso necesario. Los países que se caracterizan por tener una reactivación más fuerte, pienso en Estados Unidos, tienen una política monetaria que ha sido un muy fuerte apoyo a la actividad.

Al lado de la política monetaria, se necesita una política presupuestaria que debe desempeñar un papel importante y tomar en cuenta situaciones coyunturales, lo que se llama las circunstancias excepcionales. ¿Estamos en una circunstancia excepcional? Sí: estancamiento (incluso si hay una reactivación, es demasiado débil) y baja inflación. Algunos hablan de deflación: no estamos ahí.

Ahí también, hay una situación bastante curiosa. Nos quejamos de la baja inflación, y los franceses de la vida cara… Los dos son verdaderos. Es decir que el índice de crecimiento de los precios puede ser efectivamente bajo y, al mismo tiempo, el sentimiento de que algunos precios son demasiado elevados, en particular, para los más frágiles, existe. Debemos procurar que puedan tomarse en cuenta estas situaciones en la conducta de la política presupuestal de cada uno de los países. El ritmo de reducción de los déficit debe entonces ser compatible con los objetivos de crecimiento y la situación de baja inflación.

Europa debe hacer más todavía, debe reactivar sus inversiones, dirigidas por cierto a las prioridades esenciales: las infraestructuras, la investigación, la innovación, la formación, el medio ambiente. Jean-Claude Juncker anunció 300 mil millones euros, con inversiones públicas e inversiones privadas. Ahí también, procuraremos que ese plan pueda ser no sólo confirmado sino también puesto en marcha. Y que eso pueda hacerse cuanto antes.

Es la posición que defenderé en los próximos Consejos Europeos: una nueva iniciativa de crecimiento y una plena utilización de las flexibilidades en el ritmo de reducción de los déficit, en cumplimiento de las normas europeas pero con todo lo que éstas permiten.

Propondré que una cumbre de la zona euro pueda reunirse a la mayor brevedad para tomar las decisiones necesarias.

Es en el interés de Europa, pues es su lugar en la economía mundial la que se cuestiona. No pueden observarnos como un continente que tendría el más bajo crecimiento del mundo y que sería el único continente que no pueda vivir la recuperación económica.
El cambio en Europa, son también políticas de porvenir: una política de la energía para lograr la transición, una política de lo digital para recuperar el retraso que se tiene, para constituir líderes a escala mundial y para respetar y hacer respetar lo que llamamos los datos personales.

Y luego el cambio en Europa, es tener también exigencias de transparencia y reciprocidad en las negociaciones internacionales y, en particular, para el Tratado Transatlántico. Es esta exigencia de transparencia y reciprocidad que llevé ante la Comisión Europea con nuestros amigos italianos.

Finalmente el cambio en Europa, es una mejor vigilancia de las fronteras exteriores del espacio Schengen y, en particular, en el Mediterráneo. El Ministro de Interior tomó una decisión, a petición mía, con Italia para procurar que podamos evitar los dramas que se producen en el Mediterráneo. Debemos procurar que haya un fortalecimiento de lo que se conoce como “Frontex” -organización, protección, vigilancia de las fronteras- y también que, en el espacio europeo, preservemos la libre circulación de personas.

Las instituciones europeas tendrán que organizarse con relación a estas prioridades. Jean-Claude Juncker, nuevo Presidente de la Comisión, presentará pronto a su órgano colegiado de Comisarios. Designé a Pierre Moscovici para ser el Comisario francés. Y pedí al Presidente, que tiene toda libertad de conformar su equipo, que pueda tener una responsabilidad económica en esta Comisión. Corresponde a él tomar sus decisiones.

Francia seguirá desempeñando su papel en Europa. Por Europa, no sólo por Francia, incluso si Francia no puede ser vista como un país que sólo sería un país de Europa. Somos la segunda economía de Europa, somos la nación que dedica más a su esfuerzo de defensa en Europa. Somos el país que tiene una política exterior que se ajusta a la vez a las deliberaciones europeas, pero que toma iniciativas. Debemos pues tener el lugar en Europa que corresponde a nuestro estatus.

Pero somos también lúcidos: Europa de 28, quizá mañana más, debe cambiar sus modos de decisión y su organización. Abogué, y seguiré haciéndolo – habrá discusiones puesto que algunos países quieren desentenderse de la Unión Europea - para que haya una unión diferenciada. Que aquellos que quieren ir más rápidamente, más lejos, en particular, en el marco de la zona euro, puedan tener una organización que pueda adaptarse a esta exigencia de actuar. Es ese modelo que permitirá dar a la construcción europea su sentido y quizá su legitimidad a los ojos de numerosos pueblos.

Señoras y Señores embajadores, hice hincapié en la gravedad de las amenazas. No quiero aquí, obscurecer todavía más el cuadro, preocupar a nuestros compatriotas pero al mismo tiempo, nada sería peor que hacer creer que el mundo no es peligroso. Lo es. No es sólo peligroso, brutal, y a veces cruel para los pueblos que sufren los conflictos: 180 000 muertes en Siria, es sin duda uno de los dramas más importantes de la posguerra… Lo que pasa en Gaza desde hace ya demasiados años. Lo que corre el riesgo de producirse en Irak, con la exterminación de una serie de minorías. Lo que puede degenerar en África. Lo que puede prosperar, el terrorismo, por todas partes y con sus sectores y ramificaciones. Podemos deplorar, debemos actuar.

Debemos decir a las opiniones públicas y pienso en los franceses, que la mejor protección, la mejor seguridad, es tratar los problemas, no ignorarlos. La tentación existe, la conozco, de decir que todo eso no atañe, todo eso está demasiado lejos. Por qué vamos a movilizarnos en África o en otros lugares. ¿Nuestro lugar es realmente ése? ¿Tenemos todavía los medios, los recursos para hacerlo? ¿Es necesario gastar dinero mientras que otros no hacen nada? Sé que estas discusiones tienen lugar en una serie de familias, y no hablo solamente de las familias políticas. Pero sería la peor de las actitudes, el peor de los comportamientos. Hacer como si todo eso no existiera.

Hace 100 años, Europa hundía al mundo en un siglo de horrores. 100 años… Una obra de un historiador australiano, que ha sido noticia, describe la secuencia que condujo a esta catástrofe. Se llama Los Sonámbulos. “Sonámbulo” quiere decir caminar pero no ver nada: estar aparentemente despierto pero en un profundo sueño. Es un riesgo que puede, individualmente, no concernirnos, pero colectivamente afectarnos a veces. No seamos sonámbulos que caminan como si el mundo no existiera. Permanezcamos despiertos, vigilantes: es lo que la historia nos ha enseñado.

Nuestra política exterior va mucho más allá de nuestros intereses. Tiene vocación de ser útil a todo el mundo. Por ello, Señoras y Señores embajadores, ustedes desempeñan un papel muy importante: son protagonistas decisivos de nuestra política. Quiero elogiar, a la vez, lo que hacen y al mismo tiempo todos los funcionarios franceses que están en el extranjero y que trabajan para el resplandor de Francia.

Entonces juntos, con valor, enfrentemos todas las batallas necesarias. Las de la seguridad, las del desarrollo, las del medio ambiente, las del crecimiento, pero sobre todo combatamos por la paz. Es el combate que Francia siempre ha llevado a cabo. Y es lo que hace colectivamente, nuestro honor y nuestro orgullo.

¡Viva la República y viva Francia!

Dernière modification : 01/09/2014

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