Discurso del Sr. François Hollande, Presidente de la República, en la cláusula de la Conferencia de los Alcaldes de Europa para el clima [fr]

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Sra. Alcaldesa de París, estimada Anne Hidalgo:

Me gustaría en primer lugar agradecerle la iniciativa que tomó de reunir, aquí, a los alcaldes de las ciudades más grandes de Europa, para que puedan confirmar sus compromisos con relación a la lucha contra el calentamiento climático.

Se encuentran, aquí, el Comisario Europeo encargado de la energía y el clima, a quien saludo; también están aquí las más grandes metrópolis representadas. Metrópolis francesas, es una nueva institución que la ley creó. Metrópolis europeas, todas ellas conscientes de las amenazas y los riesgos.

Acabo de regresar, hace apenas algunas semanas, de Manila en donde estuve con una serie de personalidades tanto francesas como internacionales, y teníamos la voluntad, el Presidente de Filipinas y yo mismo, de hacer un llamado. Lo hicimos desde esta isla de Guiuan en Filipinas que había sido particularmente devastada por un ciclón. Un ciclón que enlutó poblaciones ya gravemente dañadas, y que devastó lugares de producción, lugares de pesca, y con una enorme dificultad para la reconstrucción.

El Presidente filipino me confiaba, y Laurent Fabius estaba presente, que era ciclón 350 desde hace treinta años en Filipinas. Resulta que estos ciclones que regresan sin cesar son cada vez más violentos, y más graves en sus consecuencias.

Hace algunos meses, estaba, también con Laurent Fabius en el Pacífico Sur; reunimos a un conjunto de países, estábamos en Nueva Caledonia, sede por cierto de la Conferencia del Pacífico Sur, y entre estos países se encontraba Vanuatu. Los testimonios que ya nos habían entregado eran de una gran inquietud con relación a lo que podía producirse. Desafortunadamente se produjo.

En Vanuatu no hubo tantas víctimas como en un momento pudimos temerlo, sin embargo casi un 90% del territorio quedó destruido. A partir de allí, no podemos seguir manteniéndonos indiferentes o dubitativos.

Me acuerdo también que en la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando Ban Ki-moon organizó una movilización para sensibilizar a las opiniones públicas y los Gobiernos con respecto a los riesgos del calentamiento climático, cierto número de Primeros Ministros ─de lo que se llaman los gobiernos de las islas─ habían también alertado diciendo que quizá en treinta, cuarenta, cincuenta años, lo que representaban, islas, habrían simple y llanamente desaparecido.

Por ello estamos en este período en el cual todo puede decidirse. Pero también en el cual todo puede por desgracia inmovilizarse en una especie de rechazo a la evidencia y la responsabilidad.

Francia será la anfitriona de la Conferencia de París sobre el clima, lo cual sucederá en el mes de diciembre. Estamos en el mes de marzo y sabemos que el tiempo cuenta.

El riesgo es que se cree tener todo tiempo para llegar a un acuerdo. El riesgo, es porque ya se ha confirmado el hecho, y desde hace mucho tiempo. Quiero, aquí, celebrar los trabajos del GIEC que fueron muy valiosos, incluso si había aún algunas mentes, siempre los hay, que negaban la evidencia. Como ya se ha confirmado el hecho, podríamos pensar que bastaría ahora después de lo que se produjo en Lima, la COP20, con rubricar un texto. Pero el fracaso de Copenhague debe seguir presente todavía en nuestras mentes. Puede haber las mismas intenciones, las mejores, y el mismo resultado, es decir, el fracaso.

No basta contar simplemente con la presencia de los Jefes de Estado y de Gobierno, el mismo día de la Conferencia e incluso la misma noche, para que un acuerdo pueda firmarse. El acuerdo se prepara desde ahora.

¿Cuál es el trabajo que hemos querido emprender para lograr un acuerdo general, un acuerdo vinculante, y acuerdo que prevería país por país las obligaciones en términos de emisión de gas de efecto invernadero? El trabajo es, en primer lugar, pedir a todos los países que presenten lo que solemos llamar una contribución nacional, para llevar todos los compromisos que permitirán contener el calentamiento del planeta en 2 grados para antes de finales del siglo.

Europa, quiero, aquí, elogiarla. Se la critica tantas veces, se la cuestiona sobre tanto temas, sin embargo, Europa es capaz de mostrar el ejemplo. Lo mostró sobre un tema que es la unión bancaria; pero no es éste el ámbito acerca del cual quiero intervenir hoy, pero que nos protegerá en el futuro de las crisis que podrían afectar a cierto número de entidades bancarias.

Europa lo mostró también en la unión de la energía, Sr. Comisario, puesto que Europa fue capaz de fijar objetivos que son precisamente los que la Conferencia de París debe tomar en cuenta y establecer como perspectivas para el mundo entero.
Europa ha logrado cosas mejores, en el último Consejo Europeo. Europa produjo la contribución para el conjunto del continente consistente en limitar las emisiones de gas de efecto invernadero. Esta contribución, no sólo es la más sólida ─y no está mal que lo sea─ puesto que es la única que se ha producido hasta ahora junto con la de Suiza.

Esperamos pues hasta el final del primer semestre de este año, que todos los países puedan entregar su contribución para que se añadan unas a otras, y que podamos lograr la conclusión que es la esperada: un acuerdo global, diferenciado y vinculante.

Los países en desarrollo, los países más pobres, son en primer lugar los más renuentes y, con justa razón, a presentar una contribución. ¿Por qué pedirles a ellos, estos países que son hoy día los más vulnerables, a que asuman compromisos que incluso podrían limitar sus perspectivas de crecimiento y desarrollo, aun cuando no tengan nada qué ver o muy poco en las emisiones de gas de efecto invernadero?
Es verdad que se espera ante todo la contribución de Estados Unidos, de China, que son los más grandes emisores, pero es necesario que todos los países puedan producir estas contribuciones. Por ello el Gobierno francés apoya a los países más pobres, y sé que Europa tiene la misma preocupación, la misma voluntad para que estos países puedan presentar también sus contribuciones.

Si queremos convencer, va a ser necesario también dotar el Fondo Verde, el fondo que va precisamente a encargarse de garantizar el financiamiento de la transición energética, de la transición ecológica de los países emergentes y los países más pobres. Es una condición indispensable para que podamos lograr un acuerdo.
Y es por ello que Francia, en este rubro también, haya querido mostrar el ejemplo dotando al Fondo Verde con mil millones de dólares. Será necesario, y muchos países europeos han aportado también contribuciones significativas, que podamos pedir a todos los países del mundo, a los más ricos, a los países emergentes que hagan ese esfuerzo.

Finalmente hay una tercera perspectiva que debemos abrir para la Conferencia de París: es lo que se llama la agenda de soluciones. La agenda de soluciones, es lo que se pide ya no a los Estados, sino al conjunto de las sociedades, y, en particular, a los gobiernos locales, a las empresas, a las asociaciones, a las organizaciones no gubernamentales, a todas aquellas y aquellos que pueden, por su imaginación, por sus iniciativas, por sus inversiones, por sus decisiones, mejorar las condiciones de vida de los habitantes del planeta y sobre todo de las generaciones futuras.

Y es ahí donde los gobiernos locales y, en particular, las grandes ciudades, deben tomar la iniciativa, ustedes ya lo están haciendo. Anne Hidalgo me contaba todo lo que hacen las grandes metrópolis, las grandes ciudades en materia de movilidad, de compras agrupadas de cierto número de materiales, de normas para la circulación, de apoyo a las empresas que hacen un esfuerzo para emitir menos, y de espacios verdes. En resumen, todo lo que los gobiernos locales pueden aportar. Las metrópolis en Europa tienen una historia, una tradición, y esta tradición urbana es una oportunidad. Una oportunidad para Europa y una oportunidad para el mundo; una oportunidad para Europa porque es a través de las ciudades y las grandes ciudades que un nuevo modelo puede surgir, y que puede también reproducirse en el conjunto del territorio.

Es un modelo para el mundo, porque este mundo se da cuenta de cómo su demografía sigue siendo dinámica, puesto que habrá, en 2050, nueve mil millones de habitantes, y que dos tercios de estos habitantes vivirán en ciudad. A partir de ello, es una condición incluso de supervivencia de la humanidad permitir que estas ciudades puedan ser ciudades sustentables. El papel que desempeñan ustedes, metrópolis europeas, consiste ─sin querer imponer no sé qué referencia o norma─ en mostrar que es posible vivir, y vivir bien, en grandes aglomeraciones y con un modelo urbano que permite responder a las exigencias de la lucha contra el calentamiento climático.

He querido entonces, aquí, celebrar lo que va a ser el inventario de las buenas prácticas, en la agenda de soluciones, la que vamos a presentar en la Conferencia de París, en donde se hará el recuento de todas las buenas prácticas. Deseo así que su asociación pueda por sí misma aportar su contribución en el marco de lo que hace Europa en la Conferencia, haciendo la evaluación de todas las buenas prácticas.
Posteriormente, todas las cooperaciones que sus ciudades podrán emprender con las ciudades de los países emergentes y países en desarrollo serán extremadamente valiosas y útiles para llegar de la misma manera al objetivo. Estoy al tanto también de la magnitud de las inversiones que ustedes dedican; y al respecto, abren mercados considerables, estimados en diez mil millones de euros. Representan ustedes más de sesenta millones de habitantes, y una producción en sus territorios que es el equivalente de dos mil millones de euros. Esto da fe de lo que ustedes representan y la importancia de los contratos públicos.
Ahí también, por lo que se refiere a Francia, velaremos por que la Directiva del 26 de febrero de 2014 pueda reflejarse, puesto que alentará las agrupaciones de pedidos públicos a la mayor brevedad.

Pienso también que sus ciudades permiten igualmente sensibilizar a las jóvenes generaciones a este tema de la Conferencia sobre el clima. Va a haber numerosos encuentros a lo largo de los próximos meses; ya hay reuniones importantes de Jefes de Estado y de Gobierno, puesto se aproxima el G7. La Sra. Merkel va a dedicar una parte del G7 a esta misión del éxito de la Conferencia sobre el clima.

Ya viene el G20, y también la Asamblea General de las Naciones Unidas, eventos en París con las empresas más grandes, coloquios científicos, y les hago esta sugerencia: que todas las grandes ciudades de Europa puedan también tener su propia agenda, su propio calendario de movilización para que podamos hacer esta presión indispensable. El éxito ─se los decía─ no está garantizado, dependerá ante todo de la negociación, y ésta no es fácil; esta negociación, ante todo, porque hace implica el consenso de todos los países del mundo.

No es fácil, porque los intereses no son los mismos. No es fácil porque hay también, por parte de algunos países y, en particular, los más grandes emisores, cambios de modelo que van a ser difíciles de asegurar, costosos.

Esta negociación no es fácil porque no es visible, es lejana y complicada. La negociación no es fácil porque implica el papel de las instituciones internacionales, en particular de la ONU, y no simplemente, por lo mismo, de los Estados. Esta negociación no es fácil porque va a haber, en el último momento, una serie de textos que será necesario escribir o reescribir. No es fácil porque hay también potencias ─me refiero a potencias económicas─ que pueden sentirse contrariadas por esta o aquella obligación.

Debemos apoyarnos tanto en la sociedad civil como en las empresas. Hay numerosas empresas que están conscientes de lo que va a representar la transición energética, de las formidables oportunidades de inversión, de transportes, de condiciones de producción, que van a revolucionar, también, nuestras economías, y van a darles un potencial de crecimiento. Lo peor sería precisamente oponerse a esta obligación, a esta necesidad de luchar contra el calentamiento climático; y la capacidad de desarrollo, siempre y cuando estemos en un nuevo modelo, corresponde a nosotros inventarla.

Les pido pues ─y este era el sentido de mi presencia, y les agradezco haberme invitado a iniciativa de ustedes─ movilizarse tanto como sea posible, para que se pueda ejercer la presión tanto como fuese necesario.

No es Europa quien ejerce presión sobre el mundo; es Europa quien debe estar a la vanguardia con respecto al mundo, lo cual es diferente. Europa tiene su responsabilidad. Somos, esencialmente, viejas naciones industriales, y tenemos la intención, por cierto, de seguir siendo nuevas naciones industriales, pero sabemos lo que hemos podido tomar del planeta. Hemos decidido, afortunadamente desde hace unos años, comprometernos, y más allá de las sensibilidades políticas, pues se trata incluso allí del porvenir mismo de nuestro continente y de la Humanidad, porque nos atañe a todos.

El tema del calentamiento climático no consiste simplemente en prevenir catástrofes climáticas ─que ya se producen─ sino también prevenir catástrofes humanitarias y políticas, desplazamientos de poblaciones, conflictos territoriales, temores por el futuro mismo de algunas naciones. Debemos pues ser conscientes tanto de nuestra responsabilidad en el pasado, como de nuestra responsabilidad futura. A lo que nos comprometemos en la Conferencia sobre el Clima, es mucho más que una movilización por un acuerdo, es una movilización por un mundo más equilibrado, más justo y más sustentable.

Existen hoy día ─y en el mismo momento en que hablo─ conflictos que están abiertos; los conocemos, sabemos lo que sucede en algunos continentes, lo que nos amenaza, con el terrorismo; sabemos también lo mucho que la lucha por el reparto de riquezas puede ser también, en el plano mundial, a la vez una perspectiva, pero también un riesgo. A partir de ello, podemos al menos actuar, sobre lo que depende de nosotros, y en este caso el tema del clima.

Por esta razón Europa, sus Gobiernos, y estoy seguro de ello, sus instituciones, debe estar ahí.

Ustedes, están aquí, en París, ya llegaron: como si hubieran hecho la Conferencia antes de la hora, y les estoy agradecido por ello.

Dernière modification : 01/04/2015

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