Palabras del Presidente de la República Francesa [fr]

Señor Presidente,

Señoras, señores,

Siempre es un honor hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero también es una responsabilidad, sobre todo ante el estado grave, preocupante, en el que está el mundo.

Estoy ante ustedes en nombre de Francia para hacer varios llamamientos: el primero, pedirles que hagan todo lo posible para aplicar el acuerdo histórico que se firmó en París el pasado 12 de diciembre. Este acuerdo es histórico porque la conferencia se celebró cuando Francia, París, su capital, había sido golpeada por atentados terroristas. Este acuerdo es histórico porque, por primera vez, el conjunto de la comunidad internacional aceptaba comprometerse para reducir el calentamiento global y movilizar la financiación que permita a los países más vulnerables llevar a cabo la transición energética.

Y, sin embargo, lo aseguro una vez más ante ustedes, a pesar del gran alcance de este acuerdo, no hay tiempo que perder. Los dos años que acaban de pasar han sido los más cálidos que ha conocido la humanidad desde que somos capaces de medir las temperaturas. Es cierto que el pasado mes de abril, aquí mismo, se firmó un acuerdo de 175 países con el secretario general Ban Ki-moon. Pero todos sabemos que sólo entrará en vigor si lo ratifica el 55 % de los países siempre y cuando representen el 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estados Unidos y China han anunciado su decisión de ratificarlo, cosa muy importante, y nada hubiera sido posible sin la participación, el compromiso de estos dos países, que son los mayores emisores de CO2. La propia Francia notificará mañana a las Naciones Unidas la finalización de su procedimiento, pero llamo a todos los países miembro de las Naciones Unidas a acelerar su procedimiento de ratificación para que de aquí a finales de año todo haya concluido.

La COP21 ha sido la conferencia de las decisiones. La COP22, que se celebrará en Marrakech, debe ser la de las soluciones. Se trata de aplicar la Alianza Solar Internacional, de luchar contra la desertificación, de proteger los océanos, de fijar un precio para el carbono. Pero el llamamiento que quiero hacer aquí ante ustedes, tras este acuerdo sobre el clima, es un llamamiento por África. África es un continente lleno de promesas, pero su desarrollo puede verse entorpecido por el cambio climático, por las migraciones, los conflictos, las guerras, el terrorismo. Este continente lleno de futuro también puede ser el que genere una inseguridad creciente, del que, de hecho, los africanos serían las primeras víctimas. Propongo pues en nombre de Francia una agenda 2020 para África. Este plan debe permitir que todos los africanos tengan acceso a la electricidad. Dos tercios de los africanos carecen hoy de ella, es una injusticia pero, sobre todo, es un obstáculo para el crecimiento sostenido de África. Luego el reto consiste en responder a las necesidades del 15 % de la población mundial. El reto consiste en permitir que los países africanos se beneficien de un potencial de desarrollo inmenso. El reto consiste en reducir los desplazamientos de población, es decir, las migraciones, que desestabilizan tanto a los países de origen como a los países receptores. Así, en la conferencia de París lancé una iniciativa sobre energías renovables en África. Diez donantes, quiero agradecérselo desde aquí, se comprometieron a destinarle 10 000 millones de dólares de aquí a 2020. Francia se hará cargo del 20 %, es decir, de 2000 millones de euros. Siempre con esta misma óptica de que los africanos tengan acceso a la electricidad, Europa se ha decidido por un plan de acción exterior que podrá alcanzar alrededor de los 40 000 millones, que pueden duplicarse si los Estados miembros de la Unión también participan. Mi llamamiento se dirige una vez más a todos los países aquí representados, es un llamamiento a sumarse a esta dinámica. Lo que estoy solicitando no es una solidaridad, es una inversión mutua que será beneficiosa para el mundo entero y, desde aquí, llamo a que se realice lo más rápidamente posible.

Pero no habrá desarrollo en África si no se garantiza su seguridad. Francia, cuando la envié a Mali, era consciente de su responsabilidad. Había que evitar que las organizaciones terroristas pudieran tomar el control de un país entero y desestabilizar una región entera. Actualmente se ha frenado la amenaza. Mali ha recuperado su integridad territorial. Pero aparecen otras organizaciones: Boko Haram, Al Qaeda, que a su vez cuestionan la seguridad de muchos países de África Occidental, del Sahel, del lago Chad. Sencillamente, también en este ámbito, Francia está ahí para apoyar a los ejércitos afectados, para formarlos, para entrenarlos, para intercambiar información, para respaldarlos en la lucha contra el terrorismo, es lo que hacemos con Nigeria, con Níger, el Chad, Benín, Camerún, y tenemos que ampliar aún más esta acción con las Naciones Unidas y la Unión Africana.

Pero que las cosas estén bien claras. La seguridad de los africanos debe venir de los propios africanos si queremos evitar injerencias e interferencias exteriores. Y el llamamiento que hago por el desarrollo, por las energías renovables, también es un llamamiento por la seguridad de los africanos, para que podamos equipar a sus ejércitos, brindarles los medios para actuar, y que esas naciones africanas puedan organizar su desarrollo con libertad, con soberanía.

El último llamamiento que quiero hacer aquí, y quizás el más patético, se refiere a Siria. Ante la historia, la tragedia siria será una vergüenza para la comunidad internacional si no le ponemos término rápidamente. Actualmente Alepo es una ciudad mártir, que quedará en la memoria de las Naciones como una ciudad mártir. Miles de niños aplastados por las bombas. Poblaciones enteras hambrientas. Convoyes humanitarios atacados. Armas químicas. Sólo tengo una palabra: basta. Como sucedió el pasado mes de febrero, el alto el fuego no habrá durado más que unos días. Voló en mil pedazos al día siguiente de ser anunciado, sin que, por otra parte, llegáramos a conocer su contenido. El régimen es responsable de su fracaso y no debe eximirse en base a errores que podrían haber cometido otros. Y, a sus apoyos extranjeros de todos conocidos, les digo que deben forzar la paz, de lo contrario, cargarán junto con el régimen con la responsabilidad de la división y del caos en Siria. El Consejo de Seguridad debe reunirse lo antes posible y no debe ser el escenario de una farsa, es decir, un lugar en el que todos descargan la responsabilidad en los demás y donde algunos entorpecen el trabajo del Consejo de Seguridad, supuestamente para proteger un régimen cuando en realidad deben buscar una solución con nosotros.

Francia tiene cuatro exigencias. Primero, imponer un alto el fuego, de conformidad con las decisiones que se han tomado. Es la condición previa. Después, garantizar el transporte inmediato de la ayuda humanitaria a Alepo y al resto de ciudades mártir. Es la urgencia. Permitir que se reanuden las negociaciones políticas según los principios de la transición que se establecieron ya en 2012. Es la solución. Por último, sancionar el recurso a armas químicas. Es la justicia.

Si en ese momento tomamos estas decisiones, si actuamos, habrá una solución para Siria. Y habrá más que una solución para Siria: por fin habrá esperanza para los desplazados y los refugiados. Por fin habrá una acción que permita garantizar a Siria la conservación de su integridad territorial. Porque tal es nuestra voluntad, en Iraq también habrá una intervención que, en su caso, permitirá liberar al conjunto de Iraq con respecto al territorio que ocupa actualmente Daesh. Por último, si así lo decidimos, habrá una acción que podrá ser eficaz contra el terrorismo, y que evitará que puedan volver a producirse atentados en todo el mundo. Lo he dicho anteriormente, el riesgo es el caos y la división. Este riesgo existe incluso más allá de Siria, en Libia. Y lo urgente es restablecer el Estado alrededor del Gobierno de Sarraj, es decir, el Gobierno de unidad, en esto es en lo que Francia está trabajando junto a sus socios y junto a las Naciones Unidas.

Señoras y señores, no solucionar nada, dejar que las cosas pasen, que corran, es hacerle el juego a las fuerzas que quieren desestabilizar el mundo, en especial los terroristas. Francia no se resigna nunca, aunque sea difícil, sobre todo si es difícil. Por ello, ha tomado la iniciativa de contribuir en la búsqueda de una solución del conflicto israelo-palestino. Es cierto que nadie puede imponer una solución a las partes. Pero también aquí, contentarse con un statu quo significa correr el riesgo, dejar que se lleve a cabo la colonización, una vez más. Significa conceder un fundamento insoportable, injusto, inaceptable a algunos actos violentos. Por ello, el objetivo es celebrar una conferencia de aquí a finales de año para que israelíes y palestinos cuenten con las condiciones y la responsabilidad para negociar.

Este mismo espíritu es el que nos ha animado, a la canciller Merkel y a mí, a encontrar una solución para Ucrania. Se trata de la invención conocida como formato de Normandía, que permitió alcanzar un acuerdo en Minsk. Hoy debemos hacer todo lo necesario para aplicar este acuerdo, de lo contrario, volverán a producirse actos violentos, y quizás incluso una guerra, que se reanudará. Deseo recordar que se cobró más de 6000 víctimas. Así que, junto con la canciller de Alemania, he tomado la iniciativa de reunir en las próximas semanas a los presidentes de Rusia y de Ucrania para avanzar, para aplicar los acuerdos de Minsk. No abandonaremos este objetivo, no renunciaremos a ninguna iniciativa si puede ser útil.

Señoras y señores, he mencionado el terrorismo. Es una amenaza para todos los países del mundo. De hecho, la lista de los que han sido golpeados es larga. En África, en Oriente Medio, en Asia, en Europa. Sin olvidar Oceanía. No hay ningún país que pueda decir que está protegido ante esta plaga: el terrorismo islamista, el fundamentalismo, el fanatismo, que se ha hecho con individuos perdidos en nuestras sociedades para radicalizarlos. No hay mar, no hay muro que pueda proteger un país del drama, de la tragedia, de la plaga llamada atentado, ataque, agresión. Este terrorismo prospera en conflictos que se han abierto y que llevan demasiado tiempo sin resolver. Provoca una ola de refugiados, perturba la situación internacional, las fronteras, que creíamos establecidas, el Derecho, que creíamos podíamos hacer respetar, la seguridad colectiva, que era el principio mismo de las Naciones Unidas. Ante estos peligros, Francia se dirige una vez más hacia las Naciones Unidas.

Han demostrado su eficacia adoptando la Agenda 2030 sobre desarrollo, el Acuerdo de París, que muchos creían imposible. Las Naciones Unidas, que organizan operaciones de mantenimiento de la paz que nunca antes habían sido tan numerosas. Pero si queremos erradicar el terrorismo, si queremos actuar, debemos tomar decisiones, y no limitarnos al discurso de solidaridad cuando se realiza un ataque a un país amigo, o la compasión con las víctimas. Debemos asumir responsabilidades cada vez que resulta útil. Es lo que hace Francia, no porque se la ataque. Ya lo he dicho, actualmente, todos los países constituyen un blanco para el terrorismo. No, Francia lo hace porque es miembro permanente del Consejo de Seguridad y porque su papel no es el de bloquear sino el de actuar. Francia lo hace porque tiene una idea, una gran idea para el mundo, la que su historia ha defendido siempre, la libertad, la democracia, la justicia. Porque Francia pone su política al servicio de un único objetivo: la paz. Y porque Francia habla con todas las partes interesadas. Porque Francia es una nación independiente que respeta el Derecho. Porque Francia no tiene más enemigos que las fuerzas del odio y la intolerancia que utilizan una religión traicionada para generar miedo. Porque debemos luchar contra los populistas que se adueñan de la desesperación para dividir, para separar, para estigmatizar, para enfrentar a las religiones, a unas frente a otras, con el riesgo de un enfrentamiento que sería terrible para la cohesión de nuestros países. Francia es un país laico, que se reivindica como tal, pero que habla con todas las religiones y que garantiza la libertad de culto en su seno, porque Francia no tiene más interés en el mundo que la estabilidad, el desarrollo, y el futuro del planeta.

He aquí por qué Francia se muestra tan comprometida cada día en las Naciones Unidas. Quiero aplaudir al presidente de la Asamblea General, quiero aplaudir a todos los que se entregan a las Naciones Unidas, empezando por el secretario General Ban Ki-moon, que, desde hace diez años, lleva a cabo una difícil misión en nombre de todos y que ha permitido que hayamos podido avanzar. Y he aquí también por qué espero de las Naciones Unidas, y en particular del Consejo de Seguridad, frente a los grandes desafíos que he mencionado y en especial el de Siria y la lucha contra el terrorismo, espero de las Naciones Unidas que asuman su responsabilidad. Hay un momento para cada generación, para cada responsable público, en el que la única pregunta válida es: ¿hemos tomado decisiones? ¿Hemos tomado las decisiones correctas? Aquí hay países de distinto tamaño, de distinto nivel de desarrollo, de distinta convicción, pero que no deben sino tener un mismo objetivo, una misma exigencia. El mundo tiene que responder a los desafíos del planeta.

Por ello, he querido hacer estos llamamientos. Llamamientos para que podamos aplicar el Acuerdo de París sobre el clima. Llamamiento por África, para que todos los africanos puedan disponer de electricidad y de cierto nivel de desarrollo. Llamamiento por la paz en Siria, porque resulta urgente. He aquí por qué creo en las Naciones Unidas y por qué, con Francia, traslado un mensaje universal.

Gracias.

Dernière modification : 23/09/2016

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