Semana de los Embajadores 2016 - Discurso de clausura de Jean-Marc Ayrault [fr]

París, 2 de septiembre de 2016

Semana de los Embajadores

Discurso de clausura del Sr. Jean-Marc Ayrault, Ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional

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Señoras y señores Ministros,
Señores Parlamentarios,
Sr. Secretario General,
Señoras Embajadoras y señores Embajadores,
Señoras y señores:

Ahora que la edición 2016 de la semana de los embajadores llega a su fin, me corresponde sacar con ustedes las conclusiones de las principales enseñanzas. En la abundancia y la riqueza de nuestros debates, espero que hayan encontrado las luces que les permitirán llevar el mensaje de una Francia lúcida sobre el estado del mundo, pero a la vez movilizada en la búsqueda de respuestas a los grandes retos que enfrenta. Agradezco a los organizadores, empezando por el Secretario General Christian Masset, Hervé Dejean de La Batie, a todo su equipo y a todos los equipos.

Cuando el Presidente de la República me confió en febrero pasado la misión de dirigir nuestra diplomacia, tenía plena conciencia de la dificultad del momento. 2016 trajo su lote de tragedia y expuso a nuestro país a las consecuencias devastadoras del terrorismo. Por supuesto, como ustedes, nuestros pensamientos van dirigidos a todas las víctimas, a todos los miembros de sus familias que viven esta tragedia en su corazón y también a veces, en carne propia. El año transcurrido ha confirmado también los profundos desórdenes del mundo que vieron cómo han prosperado las crisis. No voy a retomar cada una de ellas pues el Presidente de la República expuso la manera en la que Francia las está aprehendiendo.

Lo que se ha podido constatar de estas crisis es su diversidad y variedad de orígenes. Algunas encuentran su origen en el interior mismo de las sociedades y sistemas políticos de Estados, otras son el fruto de tensiones sociales con fondo de dificultades económicas y adaptaciones brutales que ellas generan, provocando la obsesión por una posición social disminuida. La mundialización trastorna los marcos tradicionales y aviva las inquietudes de identidad. Los populismos en Europa, en Estados Unidos o en otros lugares se alimentan y plantean desafíos a nuestras democracias representativas. Los enfrentamientos geopolíticos clásicos resurgen, dan a veces la ilusión nostálgica de un poderío recuperado. Sin embargo, las relaciones de fuerza han cambiado profundamente, debido al debilitamiento de los Estados y la aparición de protagonistas que intentan cuestionar los órdenes regionales ─este es el caso de Boko Haram─ o hacer que se cierna una amenaza a escala mundial, como lo está haciendo ISIS. La difusión de las tecnologías les ofrece además un medio todavía más eficaz.

La convulsión de las relaciones de fuerza distorsiona los mapas y también los puntos de referencia. El poderío cada vez mayor de los países emergentes es menos lineal de lo que uno hubiera podido imaginarse hace algunos años, ya no llena el vacío dejado por un nuevo distanciamiento de Estados Unidos, en particular, en Medio Oriente Medio.

Los puntos de anclaje se han debilitado, contribuyendo a que el mundo sea más inestable y menos previsible. El efecto de atracción de la integración europea sufre por las dudas de los mismos europeos; los BRICS, algunos de los cuales están en crisis, no llegan construir verdaderamente su unidad. En Estados Unidos, un candidato a las elecciones presidenciales propone rupturas radicales que preocupan al mundo entero.

Las normas e instituciones en las cuales descansa el orden internacional se debilitan por una impugnación sin precedentes. Los mecanismos de seguridad colectiva ya no desempeñan suficientemente su papel de protección, como es trágicamente el caso en Siria. La universalidad de los Derechos Humanos se pone en entredicho, las tendencias populistas propician las derivas autoritarias, o incluso autocráticas, así como una forma plebiscitaria de legitimidad, dejando poco lugar al contrapoder. Estas tendencias promueven una concepción absoluta de la soberanía.

Finalmente, nuestro mundo es un mundo de desigualdades. En Europa y Estados Unidos, la continuación de un modelo económico que privilegia la remuneración creciente del capital sobre la del trabajo aumenta las diferencias. Esta evolución, conjugada con una revolución de lo digital, poco creadora de empleos, pesa sobre las clases medias y más modestas, abandonadas a la tentación de optar por los extremos.

En los países emergentes, la desaceleración del crecimiento frena los procesos de modernización política y transformación social. Mientras que el doble reto de desigualdades y pobreza se mantiene, África se encuentra confrontada a un modelo económico todavía demasiado dependiente de las exportaciones de sus materias primas. Todos estos elementos contribuyen a trazar los contornos de un mundo incierto y, ante la incertidumbre, no hay lugar para el desaliento. No hay lugar para la resignación, y esa es toda la fuerza de Francia en las situaciones más difíciles: nunca renunciar. Lo saben ustedes bien, y es precisamente por esta razón que se espera la participación de nuestro país y se lo respeta. Y es porque Francia tiene una relación solidaria en el mundo que, cuando ha sido duramente atacada en el fondo de su ser por la barbarie abyecta del terrorismo, un impulso planetario de simpatía se manifiesta.

Su misión, señoras y señores, es la de ser fieles al compromiso de nuestro país en favor de la paz, fieles a nuestro país en favor de la construcción de un mundo más justo y más solidario, que ofrezca la posibilidad a todos los pueblos de encontrar el camino de un desarrollo sustentable, fieles al compromiso de nuestro país en favor de los valores universales de libertad que, a pesar del relativismo ambiente, no han perdido nada de su sentido. Con este ánimo recibieron ustedes, hace algunos días, orientaciones para fortalecer nuestra acción de promoción de los Derechos Humanos que no es de ninguna manera incompatible con la defensa de nuestros intereses, incluyendo los de carácter económico.

Y es que estoy convencido de ello: nuestra identidad está profundamente vinculada a los valores de las Luces que son también los valores de nuestra República. En todo el mundo, numerosos son aquellos que se han apropiado de las tres palabras de nuestro lema nacional ─libertad, igualdad, fraternidad─ que constituyen una promesa de progreso para los pueblos. Daríamos fe de espíritu de responsabilidad si, en nuestros debates internos, tuviésemos cuidado de nunca olvidarlo. Algunos de ustedes son testigos del impacto devastador en el extranjero de los arrebatos que pueden caracterizar nuestra vida política. Es urgente recuperar un poco de serenidad. Hago un llamado a un esfuerzo de razón y comportamiento. Así podrá ser posible regresar a lo esencial y entablar el debate de las ideas. El riesgo de prohibir, es estigmatizar y terminar por rechazar. Eso no es Francia, y cuando Francia rechaza, no soluciona ningún problema, en particular, el de la integración: está en desfase consigo misma.

Señoras embajadoras, señores embajadores:

En un mundo incierto, nuestros valores son de una gran ayuda, acabo de recordarlo. Son nuestra fuerza y nos incitan a proseguir el logro de un gran propósito: Europa.
Esta Europa debió enfrentar, en unos cuantos años ─según la expresión de Jean-Claude Juncker─ una “policrisis” que la puso a la prueba: crisis financiera, crisis económica, crisis de seguridad, crisis de refugiados, crisis humanitaria. En cada ocasión, supo encontrar las respuestas, incluso si, a través de cumbres de última oportunidad, el proceso a menudo ocultó el resultado.

Del mismo modo, la capacidad para decidir ha mejorado considerablemente. ¿Quién habría apostado por un acuerdo en menos de seis meses para la creación de un cuerpo europeo de guardia-fronteriza que ha sido mencionado, en particular por Francia, desde hace diez años?

Queda, sin embargo, mucho camino por recorrer. La puesta en marcha debe, en particular, convertirse en una verdadera prioridad política, ya que de lo que Europa ha sufrido demasiado y por mucho tiempo, es de decisiones sin impacto concreto, dando la impresión de una impotencia colectiva. No es sorprendente que con el paso del tiempo, la confianza de los pueblos haya acabado por erosionarse.

El resultado del referéndum británico reveló la amplitud de esta pérdida de confianza. La decisión del pueblo británico es una decisión grave. Francia, ligada al Reino Unido por una amistad histórica, habría preferido seguir construyendo la unidad europea con él, pero el pueblo británico tomó una resolución y su decisión debe respetarse. Nada sería peor para Europa y para nuestras democracias que dejar durar la incertidumbre. Esta es la razón por la que las autoridades británicas deben sacar las consecuencias de este voto, activando el procedimiento previsto por el Tratado para organizar una salida ordenada del Reino Unido de la Unión Europea.

Es de esta manera, en la claridad y en respeto mutuo, que Europa habrá superado una prueba que pesa en primer lugar sobre el Reino Unido. Naturalmente, conviene examinar con método cómo preservar, en una nueva configuración, la contribución de nuestros dos países al lugar y al papel de Europa en el mundo. Para este trabajo Francia se prepara.

Del mismo modo, como lo dije a los embajadores alemanes en Berlín el pasado lunes, no creo que nuestro análisis de la situación de la Unión Europea deba verse sobre determinado por el resultado del referéndum británico, porque en primer lugar, este voto se debe y por mucho, a factores consustanciales al Reino Unido y, en especial, a su política interna. Después porque, contrariamente a los pronósticos, esta decisión no vino acompañada por un reflujo de la idea europea pero, por el contrario, hizo a numerosos europeos conscientes de su apego fundamental a Europa. La Unión Europea se equivocaría si sobreestima el impacto de la salida del Reino Unido y debe procurar permanecer firme a sus principios, así como recuperar el deseo de una ambición común. Para Europa, el reto principal es en realidad hacer que la Unión de 27 sea más fuerte que la de 28 menos uno.

Antes incluso del referéndum británico, la necesidad de un impulso había justificado que preparara con mi colega alemán Franck-Walter Steinmeier, una contribución sobre la reactivación del proyecto europeo, y éste es precisamente el objeto del debate que se inició y que debe dar lugar, el próximo 16 de septiembre, a la aprobación de orientaciones claras con motivo de la Cumbre de Bratislava. Para ello también estamos trabajando. Al respecto, el Presidente de la República recordó nuestros objetivos: protección de las fronteras exteriores de Europa, control del territorio europeo ante las amenazas, nuevo impulso a la defensa europea, duplicación del Plan Juncker en favor de un modelo de crecimiento basado en la inversión en las industrias de mañana, fortalecimiento de la justicia social y la equidad fiscal, amplificación de los programas para la movilidad y el empleo de los jóvenes.

Al concentrarse en estas prioridades, Europa responderá a las aspiraciones de los ciudadanos y recuperará su confianza. Así será cómo los europeos retomarán plenamente conciencia de que la integración de nuestro continente es una experiencia histórica única en el mundo que sigue aportando paz y prosperidad.
Creo profundamente que las evoluciones del mundo, la amenaza del terrorismo, el miedo de la decadencia llaman a la construcción de una Europa que protege. Sé que el eslogan no es nuevo pero no debe ser cosa de magia, ni traducirse por la tentación del repliegue en sí. En la actualidad, conviene poner de manifiesto que se inscribe en la continuidad de la unificación de nuestro continente y sobre todo en el hecho de pasar al acto.

Europa debe ante todo proteger a sus ciudadanos dándose los medios para garantizar su seguridad, retomar el control de sus fronteras exteriores, aportar las respuestas a los desórdenes del mundo. Eso no quiere decir que es necesario cerrar las fronteras y poner en entredicho Schengen. Es un logro histórico de la construcción europea. Sabemos pertinentemente que nuestro combate común contra el terrorismo exige, muy por el contrario, fortalecer la cooperación con nuestros socios.

La Unión Europea acaba de dotarse de una estrategia global de seguridad. Corresponde a nosotros aplicarlo mediante capacidades para conducir operaciones, mediante mecanismos en esta perspectiva, mediante la inversión de los Estados miembros en su herramienta de defensa y en el desarrollo de nuestras industrias. Pero sobre todo, necesitamos una Europa con la voluntad política para aportar su contribución a la solución de los conflictos que la amenazan, y por ello construiremos una verdadera unión de defensa y seguridad.

La Europa que protege, es también una Europa que es capaz de promover su modelo social y por ello sus intereses. Para su desarrollo internacional, nuestras empresas necesitan reglas derivadas del marco multilateral o de acuerdos comerciales negociados con países terceros. Es necesario consolidarlos, pero Europa no puede ser la única que deba pagar el precio por ello. Así pues, una asociación transatlántica sólo es concebible si logra un verdadero equilibrio de las concesiones y en plena reciprocidad, si no, no habrá Tratado con Estados Unidos. El ejemplo del Tratado con Canadá pone de manifiesto que cuando se dan los medios, es posible lograrlo.
Dentro de la Unión Europea, la libre circulación de trabajadores puede y debe ser compatible con la lucha contra el dumping social. Como lo recordó ayer el Primer Ministro Manuel Valls, es todo el reto de la negociación en curso sobre el traslado de los trabajadores. Sobre todos estos temas debemos avanzar. Con Alemania en primer lugar, porque nuestros dos países han sabido sobrepasarse para permitir la integración de nuestro continente y porque conservan sus fuerzas de impulso. Con nuestros otros socios después, porque Europa necesita unidad y que tenemos todo por ganar fortaleciendo nuestro diálogo con todos los europeos. Con Harlem Désir, contamos con ustedes para contribuir a ello, independientemente que estén en funciones en un Estado miembro o en un país tercero.

En un mundo incierto, nuestro compromiso por la paz es nuestra brújula. Miembro permanente del Consejo de Seguridad, Francia contribuye por su capacidad para hablar con todos. Este es por supuesto el caso en África Septentrional y en Medio Oriente cuya proximidad hace las convulsiones tan existenciales para Francia como para Europa.

Veamos las cosas de frente. La seguridad de esta región es nuestra seguridad, y esta seguridad está amenazada por ISIS que prospera en el caldo de cultivo de las inestabilidades y frustraciones. La guerra que estamos librando contra ISIS, que nos la declaró, la ganaremos, no solos porque formamos parte de una coalición que cuenta con aliados cercanos y solidarios. Pero si Francia ha sido en particular el blanco y paga un tributo tan alto, es porque es Francia, porque encarna cierta idea de tolerancia, de diálogo, de convivir juntos. Y con respecto a todos estos valores que conforman nuestro orgullo y que se encuentran en la antípoda del oscurantismo mortífero de esta organización, nosotros nunca renunciaremos a ellos.

Mientras que ISIS retrocede en el terreno, el reto consiste también en prepararnos para ganar la paz. Y no lo lograremos por la única vía militar sino por la búsqueda de soluciones políticas y la negociación. En Siria, en Libia, como entre Israel y Palestina, es particularmente este caso.

En una Siria devastada en donde ISIS y el régimen de Bachar el-Asad compiten en el horror, las armas no solucionarán este conflicto. Nadie ganará esta guerra y, pase lo que pase, después de cinco años de atrocidades y más de 300 000 muertos, el régimen sirio no podrá sobrevivir a esta tragedia. Bachar el-Asad no podrá jamás gobernar este país en paz pues, a pesar del rayo de esperanza suscitado por el anuncio de un cese de las hostilidades, el régimen y sus apoyos se han encerrado en un espiral de violencia que impide el alto el fuego y obstaculiza la ayuda humanitaria.

Rusia e Irán alimentan esta lógica que conduce a un callejón sin salida. Una nueva dimensión kurda está a punto de añadirse a una guerra civil de por sí ya compleja. El sacrificio de la población de Alepo es un drama que pesa en las conciencias y que debe a toda costa detenerse.

Seamos coherentes, tenaces, determinados.

El informe de las Naciones Unidas sobre la utilización de armas químicas nos compromete a ponernos, a todos y cada uno, ante sus responsabilidades y a regresar a una solución política. Demos una oportunidad a la paz: este es el sentido que Francia tiene la intención de dar a sus esfuerzos en el Consejo de Seguridad. Lo que deseamos, es una condena clara de estos crímenes en el marco de una resolución bajo el capítulo VII, mediante sanciones impuestas a sus autores.

En Libia, la amenaza terrorista y la proliferación de los tráficos constituyen también retos urgentes. A pesar del escepticismo, el Gobierno de Entendimiento Nacional quedó establecido bajo la dirección de Fayyez Sarraj, cuya valentía celebro de nuevo.
Para erradicar a ISIS, necesita de ahora en adelante tomar el control de todas las instituciones y del conjunto del territorio. Pero necesita lograr un compromiso con el Parlamento de Tobruk y el general Haftar. Francia está dispuesta a apoyar sus esfuerzos, en particular, en unión con las potencias regionales, comenzando por Egipto.

En Cercano Oriente, algunos piensan que la situación entre Israel y Palestina ─que se deteriora, no obstante, cada día─ no es la prioridad del momento; es un error pues no habrá paz en la región sin una solución del conflicto que alimenta la violencia y la propaganda de los radicales de todos los frentes. Es nuestro deber no resignarnos.

Era necesario pues tomar la iniciativa. Y la presencia de unos treinta de nuestros socios en París el pasado 3 de junio nos dio la razón. Ciertamente, el camino es aún muy largo. Lo más difícil, reunir en torno a una misma mesa Israelíes y Palestinos, queda por hacer. Pero ya Francia logró a volver a poner el proceso de paz en el orden del día. Francia logró, gracias a sus esfuerzos, removilizar a la comunidad internacional: las iniciativas de algunos socios a veces modestas pero reales, como Estados Unidos, Egipto y Rusia dan fe de ello. Francia no se resignará y hará todo lo que esté a su alcance para lograr el objetivo de una conferencia con las partes para antes del fin de año.

Vuelvo a decir a nuestros amigos Israelíes y palestinos: si creen de verdad que la solución de los dos Estados es la única posible, atrévanse a ponerlo en marcha, corran el riesgo de la paz. Es una decisión difícil que requiere compromisos dolorosos. No hay alternativas, Francia y la comunidad internacional estarán al lado de ambos.

Habría muchos otros conflictos que mencionar, en particular, las tensiones al este de Ucrania que Alemania y Francia intentan disipar en el marco del formato Normandía. Al respecto, el alto el fuego obtenido con motivo del inicio de los cursos escolares debe respetarse y puede servir de base para lograr avances en la aplicación de la parte política del acuerdo de Minsk.

En la cuenca del Donets y en otras partes, nuestra capacidad para establecer un diálogo con Rusia está en juego y, para Francia, Rusia es un socio y un gran país que aspira legítimamente a desempeñar el papel que le corresponde en la escena internacional. Nuestro interés consiste en procurar que nuestros esfuerzos converjan y, cuando no es el caso, no dudar en asumir nuestras divergencias para trabajar mejor con el fin de aproximar nuestras opiniones. No hay otras vías, en particular, si queremos encontrar una solución en Siria. Pero es necesario estar conscientes de que no basta con proclamar una alianza con Moscú para que ésta produzca milagros. Del mismo modo, el levantamiento de las sanciones, lo deseamos, pero sólo podrá resultar de la puesta en marcha de los compromisos asumidos por Rusia en el marco de los acuerdos de Minsk.

Y deseo que prosigamos las grandes asociaciones que conformamos en algunos años en los continentes americano y asiático. Tomando en cuenta los intereses a largo plazo de Francia, la emergencia económica y política de estas regiones puede dar la impresión de haberse frenado hoy día, por la desaceleración del crecimiento y por la lentitud de las evoluciones en los ámbitos de la democracia y los Derechos Humanos, pero sigo estando convencido de que las oportunidades económicas y el papel político que Asia y América Latina deben desempeñar a escala mundial, justifican que sigamos construyendo con estas dos regiones asociaciones sólidas en el mediano y largo plazo.

Algunas palabras finalmente sobre África, que es a la vez tierra de crecimiento, de innovación, de acceso a la clase media, pero también con demasiada frecuencia es una región debilitada por una demografía que pone bajo tensión economía y sociedad, a la cual se añade un debilitamiento crónico de los Estados. En este continente, de la misma forma, los grupos terroristas se aprovechan de ello en la cuenca del Lago Chad, en África subsahariana o en el Cuerno de África. En Malí y en República Centroafricana, Francia asumió sus responsabilidades. Lo hizo en muchos otros países, como recientemente en Burundi desempeñando todo el papel que le correspondía asumir en el Consejo de Seguridad.

Nuestros esfuerzos para convencer de que no puede haber desarrollo en la zona sin seguridad comienzan a dar sus frutos y, en particular, en la Unión Europea. Pero, más allá de ello, mi convicción es que los destinos de África y Europa se encuentran íntimamente vinculados. Europa no saldrá adelante si África fracasa. Por ello es esencial apoyar a nuestros socios africanos en la concretización de sus aspiraciones: aspiraciones a la democracia y al respeto de los Derechos Humanos; aspiraciones que deben recuperar el retraso económico y crear las oportunidades que volverán inútil la salida de sus jóvenes hacia las carreteras migratorias; aspiraciones para aprovechar los beneficios de la globalización y, en resumen, para hacer que despegue el desarrollo económico y social.

Ahí radica toda la importancia de la reactivación de nuestra política de desarrollo. Los éxitos históricos de la Cumbre sobre Objetivos del Desarrollo Sustentable y la COP21 son su fundamento. Nuestra diplomacia ha trabajado dando lo mejor de sí misma y debe mantenerse completamente movilizada. El año pasado, el Presidente de la República deseó aumentar por un monto de cuatro mil millones de euros suplementarios al año, a partir de ahora y hasta 2020, la actividad de la Agencia Francesa de Desarrollo, la mitad de ellos para el clima. De forma paralela, para materializar nuestra prioridad en favor de los más frágiles, decidió asignar 400 millones suplementarios al año, para la misma fecha de vencimiento, bajo forma de subvenciones.

Con André Vallini, nos congratulamos de confirmar que la puesta en marcha de estos compromisos ha comenzado. Gracias a la reforma de la AFD, que condujo con energía su nuevo Director General; gracias también a los 85 millones de euros de créditos suplementarios para nuestra ayuda pública que obtuve en el marco del proyecto de la Ley de Finanzas para 2017. Estas evoluciones me parecen justificar plenamente, como lo anunció el Presidente de la República, una nueva reunión del CICID.

Señoras embajadoras, señores Embajadores,

Las evoluciones del mundo y los retos que se derivan de ello para nuestra diplomacia tienen un impacto directo en las mujeres y los hombres que las hacen vivir. Se traducen por una transformación del oficio de diplomático, obligan a movilizar nuevas competencias, exigen un compromiso siempre renovado. Sé ─lo confirman ustedes cada día, en su contacto, tanto en la central como en la red─ que todos los agentes de nuestro Ministerio comparten este compromiso con dedicación, profesionalismo y pasión.

Durante estos últimos años, el Ministerio se ha caracterizado por cambios profundos para adaptarse a los nuevos retos, modernizar el servicio público y contribuir al esfuerzo de control del gasto público. Más de la mitad de las medidas que se habían definido en el marco del proyecto MAEDI 21, por ejemplo, se han puesto en marcha bajo el control del Secretario General. Se reformó a nuestros operadores para que tuviesen una mayor coherencia y una mejor eficacia. La importancia crucial de la transparencia se recordará con motivo de la cumbre de la Alianza para un Gobierno Abierto, que Francia recibirá al fin del año.

De todas estas reformas, el Ministerio sale fortalecido. La ampliación de su perímetro nos permite disponer por primera vez de todas las palancas de la acción exterior. Y las propuestas que se derivan del Libro Blanco para una asociación con las entidades territoriales tienen por ambición fortalecer la coherencia de la acción internacional de Francia más allá del papel del Estado. Esto representa sobre todo un motivo más de satisfacción pues nuestros interlocutores reconocen el aporte de estas evoluciones y, en particular, las empresas.

La diplomacia económica sigue siendo la prioridad, y ustedes están conscientes de ello, puesto que le dedican en promedio 40% de su tiempo.

La segunda edición, el lunes, de su encuentro con los empresarios fue una nueva oportunidad para establecer relaciones directas con pymes, TPE, y ETI, y al respecto deseo que den como resultado flujos de negocios, contratos y empleos.
A pesar de una coyuntura poco favorable, marcada por una desaceleración mundial, una estabilización del euro y precios del petróleo que vuelven a aumentar, nuestro comercio exterior se reactiva. En 2011 nuestro déficit se elevaba a 75 mil millones de euros, mientras que en 2015, se redujo a 45 mil millones. Esto es el fruto de las reformas emprendidas desde 2012 que permitieron mejorar la competitividad de la industria francesa. Es también el resultado de nuestros esfuerzos para estructurar los sectores industriales y llevar a cabo una acción determinada de promoción de las exportaciones.

Con Matthias Fekl, queremos que Business France propicie la internacionalización de las pymes y las ETI, simplificando, volviendo más legible nuestro dispositivo de apoyo, en estrecha unión con todos los protagonistas, cámaras de comercio e industria así como con los consejeros del comercio exterior. Más empresas deberían así poder ser apoyadas en sus proyectos, con el objetivo de que sean más numerosas para exportar. Eran 117 000 en 2011, eran 125 000 en 2015. Cuento con ustedes para proseguir con ardor todo lo que se ha emprendido.

Si existe un sector de nuestra economía que sufrió por los atentados, todos lo sabemos, ese es el turismo en primer lugar. Después de 2015, cuando el nivel de los 85 millones de turistas fue superado, 2016 se caracterizará seguramente por una reducción de las visitas internacionales. Se trata también del resultado de una coyuntura de factores, incluyendo la degradación del contexto económico de varios países de origen. Sin embargo ¿se debe renunciar de atraer cien millones de turistas al año para 2020? Estoy convencido de lo contrario. En primer lugar porque nuestro país ha dado muestras de una resiliencia ejemplar: los resultados en las regiones son globalmente estables a pesar del atentado de Niza. Posteriormente, porque las clientelas francesas y europeas se han mantenido con frecuencia, que algunos mercados lejanos progresaron y que ciertas actividades lograron un gran éxito. La mejor respuesta está pues allí: la movilización.

Y para hacer frente a la situación preocupante en París, establecí un comité de urgencia económica para el turismo, que reuniré de nuevo en los próximos días. Con la Alcaldesa de París y la región, lancé una campaña de promoción del destino París, que acaba de extenderse a otras regiones y dotarse con medios suplementarios. Y nuestro trabajo ambicioso para estructurar mejor un sector industrial se proseguirá más allá de la urgencia y con motivo de la segunda conferencia anual del turismo que presidiré en otoño con los profesionales.

Su papel es obviamente esencial. Gracias a sus redes, tiene la capacidad ─en unión con Atout France─ de evitar que se propague en el extranjero una imagen deformada de la realidad de nuestro país. Cuento con nuestro dinamismo y su entusiasmo. En un mundo confrontado con el fanatismo y la violencia, el compromiso de Francia sobre los grandes retos de civilización es esencial. El Presidente de la República mencionó la conferencia internacional de Abou Dabi sobre la protección del patrimonio: ustedes contribuirán a su éxito.

A diario, nuestra diplomacia de influencia propicia el diálogo de las culturas. Nuestra acción cultural exterior ha evolucionado también considerablemente, en particular estos últimos años. Ante la competencia, hemos desarrollado un enfoque global e integrado en una nueva visión de continuidad entre retos culturales, científicos y económicos. Nuestros servicios e institutos han visto cómo sus misiones se han ampliado en la exportación de nuestras industrias creativas, en la gastronomía, en la diplomacia deportiva o con CampusFrance en la atractividad estudiantil. Allí también su papel ha consistido, como directores de orquesta, en movilizar nuestras herramientas de influencia entre todas las palancas de nuestra acción exterior.

En esta formidable red cultural, a la cual asocio los centros escolares que dependen del AEFE, deseo que prosigamos con fuerza la promoción de los valores de tolerancia, humanismo y apertura. El éxito de numerosas iniciativas en nuestra red y en París para propiciar y favorecer el debate de ideas refleja la imagen de la vitalidad del diálogo intelectual internacional. Los invito pues a recibir en todas partes del mundo a intelectuales, investigadores, artistas y ciudadanos comprometidos, franceses y francófonos, en la segunda noche de las ideas que estará coordinada el próximo 26 de enero por el Instituto Francés. La cultura es esencial para la influencia, el brillo y la proyección de Francia. Pueden contar con mi compromiso total.

La reafirmación de la cultura sirve también para la causa de la lucha contra la radicalización. Corresponde al Ministerio contribuir a ello y este es el objeto de la estrategia internacional que acabamos de presentar y que debe, de ahora en adelante, ponerse en marcha. Podemos congratularnos de ver a una diplomática ocupar una función importante en este ámbito.

Habida cuenta de la abundancia de la concertación internacional, deseo encargar a un embajador para que coordine nuestros esfuerzos en materia de lucha contra el terrorismo y represente a Francia en las reuniones dedicadas al respecto.
En cada uno de sus países, es esencial que hagan ustedes circular todas las experiencias de las que podríamos inspirarnos, y a la inversa, que expliquen nuestras mejores prácticas.

Señoras embajadoras, señores embajadores: no quisiera terminar sin mencionar nuestros medios.

Estoy consciente de los esfuerzos que se han logrado en esta casa para contribuir, es legítimo, al control de los gastos públicos. En 2017, habrá todavía ahorros pero de un nivel conforme a las medidas de racionalización, modernización y buena gestión que hemos emprendido. En el procedimiento presupuestario, mi principal objetivo consistía en no ir más allá de las supresiones de empleos que habíamos aceptado en el marco del trienio y lo logré. Lo que permite, en particular, evitar como se los anunció el Secretario General, una nueva ola de transformación, en nuestras embajadas, de presencias diplomáticas.

Más aún, obtuve 62 millones suplementarios en favor de la seguridad. Se consagrarán a la protección de nuestras redes en el extranjero, incluidas nuestras escuelas y liceos, a la seguridad de las comunidades francesas así como a la lucha contra el terrorismo. Se crearán de esta manera 67 empleos.
Por primera vez desde hace muchos años, los créditos administrados por la Dirección de la Cooperación de Seguridad y Defensa aumentarán. Los medios del Centro de Crisis y Apoyo, cuyas competencias reconocidas la han valido dirigir la Célula Interministerial de Ayuda a las Víctimas, activada en caso de atentado, también se reforzarán. Esta prioridad a la seguridad me parece justificada: la transformación del servicio de la seguridad diplomática en su totalidad. Pido al Secretario General y a la Directora General de la Administración y Modernización trabajar en ello sin demora. En total, por primera vez desde hace varios años, el aumento de créditos dedicados a la seguridad y a la ayuda pública al desarrollo permitirá que el presupuesto del Ministerio aumente.

Señoras embajadoras, señores embajadores:

Sólo me queda por expresarles mi gratitud por el trabajo que llevan a cabo cada día, ustedes y sus equipos, en todos los frentes y en condiciones a veces arriesgadas. Merecen ustedes el reconocimiento de la Nación.

Ante el desorden y a la complejidad del mundo, su tarea es sin cesar más difícil. La mejor manera de afrontarla es la ejemplaridad. Exigencia colectiva en primer lugar, porque es lo que esperan los agentes de este Ministerio: nuestros métodos de trabajo deben evolucionar todavía, en particular, en la perspectiva de una mejor conciliación entre vida profesional y vida privada. Se han logrado numerosos avances y me congratulo por ello, en particular, por contar entre nuestros jefes de misión a 48 embajadoras, es decir dos veces más que hace cinco años. Incansablemente debemos seguir luchando contra todas las discriminaciones, todos los arcaísmos cualesquiera que sean.

La ejemplaridad es también una exigencia individual porque representamos a Francia y encarnamos sus valores. Esta ejemplaridad debe venir acompañada por una indispensable apertura a la sociedad que permitirá hacer que se comprenda mejor quiénes somos y lo qué hacemos. Así nuestros compatriotas podrán comprender el trabajo notable, efectuado día tras día, por todos los agentes de esta casa al servicio de los intereses de Francia. Pues lo que nos une, es nuestro amor por Francia, este orgullo por lo que es nuestro país, esta pasión por servirla en todas partes en donde ustedes la encarnan. Viva la República y viva Francia /.

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Dernière modification : 08/09/2016

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