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Conferencia de la Presidencia francesa del G20 sobre Desarrollo - Discurso de Nicolas Sarkozy [ fr ]

(Extractos)

París, 21 de octubre de 2011



Señoras y señores ministros,
Señor presidente del Banco Africano de Desarrollo,
Señoras y señores parlamentarios,
Señoras y señores representantes de Organizaciones No Gubernamentales,

Dentro de dos semanas, Francia presidirá la Cumbre de Cannes en la que los países del G20 tomarán decisiones cruciales tras un año de trabajos dirigidos por la Presidencia Francesa. Antes de esta gran cita, he querido reafirmar el compromiso de Francia en favor del desarrollo. El desarrollo era en otra época una cuestión que sólo concernía a las viejas potencias del G7. Afortunadamente, este tiempo ya es historia, como también lo es la época, no tan lejana, en la que se pensaba que la economía europea y las otras grandes economías del mundo, la de Estados Unidos, y la de China, eran independientes unas de otras.

(…)

A todos los países atañe la cuestión del desarrollo, ya sea porque perciben una ayuda o porque la ofrecen, ya hayan salido recientemente de la pobreza extrema o hayan caído en ella en los últimos años. Todos deben hacer oír sus propuestas para reconstruir un modelo estable, sostenible y próspero.
Esa es la ambición de los países del G20.

(…)

El G20 no es la suma de los intereses de los países que lo componen, porque el G20 debe ser la encarnación del interés general.

(…)

Esta exigencia de multilateralismo, esta exigencia de transparencia, esta exigencia de apertura a la sociedad civil, he querido reafirmarla en el contexto particular en el que nos encontramos actualmente. El G20 ha respondido a la crisis de 2008 y de 2009. Hoy día, en un momento de crisis de la deuda de los países avanzados, las exigencias de la actualidad no deben hacernos olvidar la acción colectiva al servicio del desarrollo, que se inscribe en el tiempo. Tenemos que mirar más allá de la crisis actual, debemos orientar nuestra mirada hacia el futuro. Y el futuro pasa por el desarrollo. No habría nada peor que olvidar los principios mismos que propiciaron el nacimiento del G20: actuar juntos para responder a las crisis, pero también iniciar reformas de fondo para garantizar el crecimiento sostenible que necesitamos en el futuro. Hoy mismo, debemos poner un remedio a las disfunciones de la economía mundial y al mismo tiempo, preparar los nuevos motores de crecimiento.

(…)

No debemos concebir el desarrollo como un reajuste entre dos grupos de países sino como un compromiso de todos, en beneficio de todos. El apoyo a los países en desarrollo es un elemento clave de la reactivación de la economía mundial. La recuperación mundial pasa por un aumento del consumo y de la inversión en los países en desarrollo, incluidos los países de bajos ingresos.
Aumentar el crecimiento de los países pobres, estimular la demanda nacional, reducir las desigualdades es dar a los países en desarrollo un dinamismo capaz de impulsar toda la economía mundial.

(…)

He querido que en esta jornada se haga partícipe a la sociedad civil en su conjunto, porque el desarrollo se basa tanto en la participación de los Estados como en la movilización de las asociaciones, del sector privado y, por encima de todo, de las opiniones públicas.

***



He venido a poner de relieve las propuestas concretas que Francia hará a los países del G20 para construir un crecimiento más sostenible y mejor compartido.
Cuatro ámbitos principales: la seguridad alimentaria, las infraestructuras, la protección social y la cuestión tan compleja de la financiación del desarrollo. En cada uno de estos ámbitos, la Presidencia Francesa se ha fijado como objetivo preparar proyectos concretos y determinar las acciones prioritarias que han de llevarse a cabo.
A través de estas opciones en favor del desarrollo, estamos dibujando juntos el nuevo rostro de la globalización. Porque la cuestión clave es esa: ¿qué globalización queremos? Queremos una globalización que se aleje de opciones de corto alcance, una globalización que no apunte a la rentabilidad inmediata que hace tres años llevó a la economía mundial al borde del precipicio, y que la sigue amenazando hoy día. Queremos una globalización generadora de riquezas sostenibles y compartidas. Queremos una globalización capaz de anticipar los retos del futuro y dar respuesta a los retos globales que se nos plantean a cada uno de nosotros.

El reto prioritario hoy día (…), es el de hacer frente al desafío alimentario. Es la prioridad absoluta. La producción agrícola mundial es hoy insuficiente, no responde a las necesidades mundiales. De aquí a 2050, tenemos que aumentar la producción agrícola mundial en un 70% si queremos poder alimentar a los 9 billones de mujeres y hombres con los que contará el planeta en ese momento. La solución es política. En su informe sobre la crisis alimentaria de 2008, la FAO señalaba que en un año el número de personas desnutridas aumentó en un 8% en África, mientras se mantenía estable en Asia. Por tanto, no hay fatalidad. Eso significa que las instituciones y los responsables políticos tienen el poder, y el deber, de actuar.

He solicitado a los ministros del G20 que propongan en Cannes un plan de acción para la agricultura y los precios de los alimentos. Algunas medidas de este plan ya han sido puestas en marcha. Me refiero, por ejemplo, a la creación de un banco de datos internacionales sobre la producción, el consumo y los stocks agrícolas, el AMIS, o también, al Foro de Reacción Rápida, establecido en la FAO y destinado a prevenir y gestionar las crisis alimentarias. En esta misma línea, Francia respalda a la Unión Africana y al NEPAD en el proyecto de reservas alimentarias regionales de emergencia de la CEDEAO en África occidental.
Más allá de la respuesta a la crisis alimentarias, debemos producir más, debemos producir mejor. Hay que fomentar las inversiones en la agricultura, en todas las agriculturas. Necesitamos a la agricultura china, necesitamos a la agricultura estadounidense, necesitamos a la agricultura maliense, y necesitamos a las agriculturas europeas. Enfrentar a unas con otras no tiene absolutamente ningún sentido. Evidentemente, vamos a apoyar el esfuerzo de investigación en el ámbito agrícola, pero tenemos también que desarrollar instrumentos de cobertura de riesgos y nuevas herramientas de garantía que no estén reservadas a los agricultores más ricos. Debemos animar a los bancos de desarrollo a invertir en el sector agrícola de los países menos avanzados a los que, hay que decirlo, han venido descuidando desde hace tantos años.
Tenemos que fomentar las inversiones en la agricultura, las infraestructuras, los transportes, la energía. Ello implica una mayor movilización del sector privado, junto a las instituciones internacionales.

(…)

La Presidencia Francesa ha querido que la dimensión social de la globalización sea un ámbito de actuación del G20.

(…)

Quiero reiterar que es absolutamente anormal que haya países que pertenecen al G20 y a la OIT al mismo tiempo, y que no hayan ratificado las 8 normas sociales mínimas. Es absolutamente anormal.

(…)

En la actualidad, 8 de cada 10 personas en el mundo no cuentan con ningún sistema de protección social, y una tercera de parte no tiene acceso a centro sanitario alguno. En los países más ricos, los gastos públicos de seguridad social representan el 20% del PIB. En los países más pobres, es cinco veces menos.

(…)

Así pues, claro, hay que hablar de financiación y así concluiré. (…) En Copenhague, hace dos años, nos comprometimos colectivamente a contribuir a la lucha contra el cambio climático con 100 mil millones de dólares anuales a partir de 2020. En la actualidad, estamos todos de acuerdo en que hay que encontrar mecanismos de financiación innovadora. (…) El Banco Mundial y el FMI han hecho propuestas en este sentido (…) relacionadas con el transporte marítimo y aéreo. Por petición propia, Bill Gates hará en Cannes una serie de propuestas sobre la cuestión de la financiación innovadora tras la misión que le hemos confiado.

También quiero recordar que Francia ha tomado junto a Alemania iniciativas en este ámbito. Francia y Alemania son favorables a una tasa sobre las transacciones financieras. Ambos países lo desean, lo piden, lo exigen .La Comisión Europea ha recogido el proyecto franco-alemán, lo que demuestra que las cosas avanzan.

¿Quién puede discutir que es legítimo solicitar una participación al sector financiero? ¿No es este sector financiero el principal responsable de la crisis de 2008? Como tal, el sector financiero debería y ello le honraría, ser el primer contribuyente en la refundación de la economía mundial y su desarrollo futuro.

(…)

Naturalmente, no se trata de suprimir las actividades financieras. ¿Quién podría hacer una propuesta tan estúpida? Se trata de regularlas, se trata de controlarlas, se trata de responsabilizarlas.

(…)

En el mundo de hoy, en la globalización actual, todos los continentes tienen la palabra, ¡y menos mal! A menos que se considere que en función del color de la piel, se tiene más derecho a hablar que el resto… Desde este punto de vista, la globalización que obliga a las grandes potencias del pasado a compartir el poder con las potencias de hoy y con las del futuro, constituye un avance.

(…)

La pregunta es: ¿quién se atreverá a decir que la legitimidad de una gravación de las transacciones financieras es discutible? ¿Quién se atreverá a decir a su opinión pública: «no queremos gravar las transacciones financieras porque los sectores financieros se han portado tan bien que hay que recompensarles»? ¿Quién se atreverá a transmitir este mensaje? Confío en que exista una opinión pública internacional que eleve la ira y la contestación ante discursos de esta naturaleza.

En cualquier caso, en cuanto a Francia, su determinación es total, y lo que deseamos es que al menos un grupo de países líderes se doten de una tasa sobre las transacciones financieras. Y estoy seguro de que en las próximas semanas y meses, las opiniones públicas de los países que no se hayan dotado de esta norma interroguen con vehemencia a sus gobiernos preguntándoles: «¿por qué se niegan a hacer un gesto así?».

Terminaré diciendo lo siguiente: la crisis es una oportunidad para decidir más rápidamente y no un pretexto para negarse a decidir.

(…)

http://www.diplomatie.gouv.fr

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