Deauville, el 26 de mayo de 2011
Señoras y señores, buenas tardes:
Me gustaría dar las gracias a Alain Juppé, ministro de Estado, aquí a mi lado. Nuestra jornada de trabajo ha sido bastante densa.
Hemos comenzado con dos encuentros bilaterales, uno con el presidente Medvedev, que nos ha permitido constatar las excelentes relaciones con Rusia, zanjar definitivamente la cuestión del contrato de venta de los BPC Mistral –el problema está solucionado– y construir una gran convergencia de puntos de vista acerca de un gran número de asuntos internacionales.
Seguidamente, una reunión bilateral entre el Sr. Juppé y David Cameron. Creo que puede decirse que nuestro entendimiento sobre la cuestión libia es total y completo. En nuestra apreciación de la situación en Libia, los avances logrados sobre el terreno por nuestros amigos del CNT, la oposición al Sr. Gadafi, son reales. Nuestra idea sigue siendo la misma: la aplicación de la resolución 1973 tiene un objetivo, lograr la paz y el derecho a la democracia para los libios. Y, verdaderamente, británicos y franceses trabajamos codo con codo con un mismo objetivo, una misma apreciación de la situación y un mismo método.
Posteriormente, hemos tenido un almuerzo todos los miembros del G8, en el que se ha abordado, fundamentalmente, la situación económica internacional. Todos celebramos el hecho de que el crecimiento mundial empiece a recuperarse de forma notable. Todos coincidimos en que conviene reducir los factores de tensión y de desequilibrios. Todo ello será objeto de propuestas en el G20 de Cannes.
Hemos hablado del ciclo de Doha, de la necesidad de luchar contra el proteccionismo y de encontrar soluciones, independientemente de los resultados del ciclo de Doha, convencidos como estamos de que el proteccionismo no es la solución.
Con el primer ministro japonés hemos hablado de la situación de Japón, que se reconstruye progresivamente, con valentía y gran dignidad. Y siete países del G8 están dispuestos a ayudar al octavo, Japón, a gestionar las consecuencias del accidente nuclear, pero también a reconstruir su economía. Hay una gran solidaridad.
A media tarde, hemos debatido sobre la cuestión nuclear. Muchos son los que en el G8 piensan que no hay alternativa a la energía nuclear, pese a que todos estamos convencidos de la necesidad de desarrollar energías alternativas, las energías renovables. Pero todos queremos dotarnos de una reglamentación de alto nivel sobre seguridad nuclear que se aplique a todos los países que aspiren a la energía nuclear civil, que puedan ser controlados internacionalmente y que hagan que los niveles de seguridad sean los más elevados hasta ahora. Japón se ha comprometido firmemente con esta demanda y todos creemos que es la mejor manera de evitar que las centrales nucleares civiles puedan construirse sin normas de máxima seguridad, con procedimientos de licitaciones en donde sólo se tenga en cuenta el precio, cuando, en materia nuclear, la primera prioridad debe ser la seguridad. Y ello es un elemento de acuerdo esencial.
También hemos hablado de la Conferencia de Durban, de la preocupación de los países que han suscrito el protocolo de Kioto, de que ahora estamos preparando el post-Kioto. Y Francia, en particular, no quiere renunciar al objetivo de Copenhague y no quiere que el periodo post-Kioto acabe en saco roto. También hemos hablado sobre la manera en que deben evocarse estos problemas con los grandes países emergentes como China.
Asimismo, hemos zanjado la cuestión de la financiación de Chernóbil, 25 años después del desastre. Saben ustedes que los países del G8 se han comprometido a financiar las últimas obras de obstrucción de la central de Chernóbil y hemos recibido con satisfacción la noticia de la participación de Italia, Japón y Canadá.
Por último, hemos mantenido un encuentro con los grandes actores de Internet. Ha sido sumamente interesante. De hecho, hemos decidido que estos encuentros se producirán anualmente; que cada año haya un e-G8 para pasar revista a la situación general de Internet, y que haya una reunión entre los jefes de Estado y de Gobierno del G-8 y los dirigentes de Internet. Por resumir el ambiente brevemente: los actores de Internet son perfectamente conscientes de que tienen imperativos y deberes en lo que respecta a la seguridad, en lo que respecta a la propiedad intelectual e incluso en lo que se refiere a la fiscalidad digital. Sabiendo que sus preocupaciones se centran en que ninguna regla venga a frenar la innovación y que si hay reglas, éstas sean compatibles con el desarrollo de la innovación, la libertad y la apertura de Internet, hemos decidido trabajar juntos e incluso hemos propuesto que sean ellos lo que propongan un corpus, una base de lo que pudieran ser las reglas mínimas a propósito de varios asuntos de los que, además, hemos hablado en detalle.
Ahí está. Les he resumido siete u ocho horas de conversaciones en seis o siete minutos. Estoy convencido de que me van a hacer ustedes, con sus preguntas, precisar todo lo que he olvidado precisar. Me entrego a sus preguntas durante, digamos, unos veinte minutos, porque después tengo la cena que estará dedicada a asuntos de gran envergadura.
