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G20- Reunión de Ministros de Agricultura- Discurso de apertura del Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy

París, 22 de junio de 2011

Señoras y Señores ministros,

Señoras y Señores directores generales de organizaciones internacionales,

Señoras y Señores embajadores,

¿Quién habría dicho, cuando el G20 se reunió por primera vez en Washington, que estos encuentros nos llevarían tres años después a tratar el tema de la agricultura?

Y, sin embargo, refundar el capitalismo mundial no consiste sólo en cambiar su modo de funcionar; es también hacer de las necesidades de los pueblos y las actividades de los hombres una de sus principales prioridades. La agricultura es la primera actividad en el mundo; la agricultura es la primera respuesta a las necesidades vitales de la población. A los que todavía dudan: la actualidad acaba de aportar una terrible prueba de la urgente necesidad de inscribir la actividad agrícola en el centro de nuestra acción. Desde principios de año, 44 millones de personas han caído en la pobreza, –desde principios de año–, en países que corren el riesgo, en cualquier momento, de verse desestabilizados por las revueltas del hambre.

Durante largo tiempo, nos hemos contentado diciendo que la agricultura era un parámetro más del crecimiento mundial. Cuando había crisis agrícolas, ante la falta de consenso, ante la falta de valentía también, –falta de valentía–, se escribían informes, se hablaba de la necesidad de abrir la reflexión, más tarde, siempre más tarde. Y al final, nunca. Hoy es momento de actuar. La agricultura debe recuperar su protagonismo dentro de una economía mundial que vuelva a tener sentido, una economía mundial que cree valores para todos y los comparta, una economía que respete el trabajo de los campesinos y construya un crecimiento sostenible.

De ello depende la vida de miles de millones de personas en todo el mundo; de ello depende el equilibrio de vuestras sociedades; de ello depende la preservación de nuestros recursos naturales.

La escalada de los precios de las materias primas amenaza hoy la recuperación mundial y puede sumir a poblaciones enteras en el hambre y la pobreza. Dicha escalada provocará revueltas si no hacemos nada. Hoy hay urgencia. Tenemos que actuar, actuar todos juntos para evitar que el mundo no vuelva a sufrir de nuevo una crisis agrícola y alimentaria.

Es por ello que la Presidencia Francesa del G20 ha querido apoyarse en todas las fuerzas vivas de la agricultura mundial, reuniendo, más allá de G20, desde la Asamblea General de Naciones Unidas al Foro Económico de Davos, desde las empresas del sector agrícola y agroalimentario a 48 Estados, reunidos por Alemania el pasado 22 de enero, desde los organismos internacionales a los agricultores de 70 países, congregados en París la semana pasada.

Esta movilización no debe hacernos olvidar la principal responsabilidad que atañe a los gobiernos del G20. Es a ustedes, ministros de Agricultura, a quienes corresponde, hoy, proponer el plan de acción que guiará todas las realizaciones futuras.

Frente a la crisis financiera, el G20 ha demostrado su capacidad de reactivar la economía mundial y, posteriormente, de instaurar una nueva regulación. La palabra regulación no es una palabreja. Un mercado sin reglas ya no es un mercado. Lo que hemos podido hacer con los mercados financieros, tenemos el deber de hacerlo también con los mercados agrícolas.

Los países del G20 representan el 65% de las tierras agrícolas, el 77% de la producción mundial de cereales, y el 80% del comercio mundial de productos agrícolas. Los países del G20 tienen un peso enorme en la agricultura mundial y, por tanto, una enorme responsabilidad en el futuro de la agricultura mundial. No podemos decir, no podéis decir: es culpa de los demás. Es responsabilidad nuestra, hoy, no mañana, sino hoy.

Ahora bien, sé que la crisis actual es compleja. Si basta sólo con decir que los problemas son complejos para no tratarlos y si debemos renunciar a tratar los problemas complejos, entonces, disfruten del turismo en París, porque todos los problemas son, por naturaleza, complejos. Pero cuando se analiza lo que ocurrió en 2008, como lo que ocurre hoy, nos damos cuenta claramente de cuáles son las principales limitaciones de nuestro actual sistema.

Todos sabemos que la producción agrícola mundial es demasiado débil respecto a la demanda. Quisiera transmitir esta idea en los medios de comunicación de todo el mundo: la producción mundial es insuficiente para satisfacer la demanda. Y esto no va a dejar de agravarse. Para alimentar a los nueve billones de personas con los que contará el planeta en 2050, la producción mundial deberá aumentar en un 70%. Y desde hace 20 años, vemos cómo la producción agrícola mundial sólo se incrementa en un 1,5% por año, es decir, dos veces menos que durante los treinta años anteriores. Por tanto, no debemos tener miedo los unos de los otros. La suma de las producciones agrícolas de todos nuestros países no será suficiente para satisfacer la demanda mundial. Ha sitio para todo el mundo.

Ello exige la movilización de todas la agriculturas, las de África, Asia, Estados Unidos, y las de Europa, con la Política Agrícola Común. Esta movilización debemos ponerla en marcha desde hoy mismo, porque hoy ya se hace sentir la penuria.

Pongamos el ejemplo del trigo. En este momento del año, ya sabemos que el equilibrio será frágil entre la producción previsible y el consumo mundial previsto, empujado por India y los países del Magreb. Las existencias que pueden completar la producción no son suficientes y, en paralelo, la producción de los principales exportadores podría ser más escasa que en otros años, en Estados Unidos, por las inundaciones en el Medio Oeste, y en Europa, a causa de la sequía.

Para producir más y mejor, debemos invertir en la agricultura. Debemos ayudar a los países más pobres a desarrollar su propia agricultura y velar por que se cumplan finalmente los compromisos adquiridos en las Cumbres de Roma y de L’Aquila.

Asimismo, debemos fomentar la investigación y la innovación a través de programas de cooperación internacional.

Debemos mejorar las infraestructuras que permiten transportar y almacenar la producción. Muchas cosechas han sido destruidas porque no se han conservado en buenas condiciones.

La segunda limitación a la que nos enfrentamos es la falta de información sobre los mercados agrícolas. Los mercados agrícolas son los mercados menos transparentes del mundo. ¿Qué país puede aceptar esta opacidad? Cada cual trabaja en lo suyo. Cada uno de nosotros trabaja en lo suyo y nadie tiene una visión global sobre las perspectivas de producción y de consumo, ni tampoco sobre el estado de las existencias.

Los únicos datos disponibles son los del ministerio de Agricultura de Estados Unidos y Europa debe corregir su retraso en este ámbito. Esta falta de transparencia alimenta la volatilidad de los precios. El precio de la tonelada de trigo se ha duplicado en seis meses: de 140 euros, el pasado julio, pasó a 280 euros, en febrero de 2011, para volver a bajar a 225 euros hoy. ¿Eso es un mercado que funciona? ¿Puede alguien decir que es la demanda lo que ha cambiado en un año?

La volatilidad tiene consecuencias dramáticas para todos, productores y consumidores, países en desarrollo y países desarrollados. Pienso en los agricultores europeos que viven la volatilidad de los precios con más fuerza ahora, y ello pese a que la Política Agrícola Común los había protegido durante largo tiempo de las fluctuaciones del mercado mundial. Pienso también en los agricultores africanos y, de hecho, celebro que se haya invitado el NEPAD y la Unión Africana hayan sido invitados al G20.

La volatilidad, digamos las cosas como son, es una lacra. Es una lacra, la volatilidad, para los campesinos y para los consumidores, y para la estabilidad de los Estados. La volatilidad es una amenaza porque pone en peligro la productividad agrícola de los años venideros. ¿Qué agricultor puede lanzarse a hacer grandes inversiones cuando corre el riesgo de perder una tercera parte de sus ingresos al año siguiente? ¿Qué empresario asumiría el riesgo de invertir en un mercado tan inestable?

¿Qué propone Francia? Hacer con la agricultura lo que hemos sido capaces de hacer con el petróleo: crear una base de datos común que permita a todo el mundo tener acceso a informaciones completas, fiables y actualizadas regularmente. Celebro el compromiso del comisario europeo Ciolos de facilitar, a partir de este otoño, los datos europeos correspondientes a las principales producciones agrícolas.

El alcance de la crisis actual se explica también, hay que reconocerlo, por nuestras propias limitaciones y, en particular, por nuestra incapacidad para coordinarnos para evitar las crisis. Tenemos que aprender la lección del drama de 2008, cuando cada cual tomó decisiones de forma unilateral, sin coordinación. Hay que evitar los reflejos proteccionistas, tenemos que dotarnos de un código de buena conducta que prohíba las restricciones a la exportación en lo que se refiere a la comprar de ayuda alimentaria de emergencia. Ello supone prever reglas comunes de diálogo, y quizás también, crear un foro que permita a los principales actores de los mercados agrícolas concertarse para reaccionar más rápidamente en el momento en que se anuncia una crisis.

Sería muy positivo decidir movilizar reservas humanitarias en las zonas más sensibles. ¡La idea no es constituir existencias públicas con el objetivo de estabilizar los precios! Eso no funciona. Sabemos que es imposible.

Pero al menos debemos procurar que, durante las crisis alimentarias y humanitarias, la intervención de organismos internacionales como el PMA no acabe provocando la subida de precios al comprar volúmenes importantes en los mercados en el momento más crítico. Esta situación puede parecer absurda pero es, desgraciadamente, lo que, con demasiada frecuencia, hemos venido observando.

En África, hemos de probar diversas maneras de utilizar las reservas de emergencia para aprender de las experiencias más eficaces sobre el terreno. Al mismo tiempo, los instrumentos de seguros no deben reservarse a los más ricos.

Sobre todos estos asuntos, sé que los trabajos del Banco Mundial podrán alimentar las propuestas que harán ustedes a sus colegas ministros de Finanzas y ministros de Desarrollo.

Por último, la crisis actual refleja las limitaciones de un capitalismo de depredación. Desde 2008, asistimos a compras masivas de tierras. Así, sólo en el año 2009, las intenciones de compra de tierras superaban los 50 millones de hectáreas, es decir, la superficie de Francia, y el 70% de ellas tenían que ver con África únicamente. En estas condiciones, ¿cómo la agricultura africana puede desarrollarse y beneficiar a la población local? ¿Cómo? Tenemos que crear un código de buena conducta para la adquisición de tierras.

La materia prima agrícola se ha convertido en un elemento subyacente de los productos derivados financieros, que actualmente experimentan un auge incontrolado. La financiarización de los mercados agrícolas, aunque no lo explique todo, contribuye a la volatilidad de los precios y a la inseguridad alimentaria de los más vulnerables. Dicha financiarización abre la vía a las manipulaciones – repito, a las manipulaciones – que hemos constado en los últimos meses. Todo el mundo sabe lo que pasó en el mercado del cacao.

Quiero recordar que un mercado que no está regulado no es un mercado sino una lotería, una lotería en donde la fortuna sonríe a los más cínicos en lugar de premiar el trabajo, premiar la inversión y premiar la producción de valor.

Es por ello que la Presidencia Francesa del G20 ha querido que la regulación financiera se amplíe a los mercados de derivados agrícolas. Es crucial que puedan ustedes trabajar con los ministros de Finanzas porque una regulación inteligente y eficaz pasa por la cooperación entre los reguladores de los mercados físicos y los reguladores de los mercados financieros.

Reinversión en la agricultura, transparencia de los mercados agrícolas, coordinación de los Estados, regulación: he aquí los términos clave del plan de acción que han elaborado ustedes con Bruno Le Maire, al que quiero dar las gracias y reiterar toda mi confianza. Quisiera que pudieran ustedes adoptarlo mañana. Señoras y Señores, el mundo entero les mira, a ustedes, ministros de Agricultura. Es esta una etapa fundamental en la construcción de una nueva agricultura mundial.

Señoras y Señores ministros:

El éxito de la Cumbre del G20 de Cannes depende de ustedes. Es la primera vez que se reúnen. Es la primera vez que la agricultura accede al rango de prioridad para el crecimiento mundial. Poniendo remedio a la volatilidad de los mercados agrícolas y garantizando la seguridad alimentaria del mundo para hoy y para mañana, estamos reequilibrando el edificio del capitalismo. Adoptando este plan, pueden cambiar no sólo la vida de un billón de campesinos, sino la marcha misma del capitalismo. Para que el capitalismo retome un sentido: contribuir al desarrollo y al bienestar de la población.

El mundo entero cuenta con sus decisiones, el mundo entero no puede esperar.

Nicolas Sarkozy, Presidente de la República francesa.

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