Señoras y Señores Ministros, estimados colegas, Señoras y Señores Parlamentarios, Señoras y Señores Alcaldes y Representantes locales, Señoras y Señores:
Todos tenemos muy presentes estas cifras espantosas: 1.200 millones de personas que no tienen acceso al agua potable; 2.500 millones de individuos carecen de cualquier medio para el saneamiento y 8 millones de muertos al año por enfermedades hídricas, la mitad de los cuales son niños.
Estas cifras se han repetido tanto que casi podríamos olvidar el gigantesco problema humano, social o económico, que hay detrás de ellas, y el reto planetario que plantean.
Este foro nos da la oportunidad de compartir las experiencias que consideramos importantes, y así avanzar colectivamente hacia el objetivo fijado por la comunidad internacional, dentro del marco de los objetivos del milenio en materia de acceso al agua y al saneamiento.
Me gustaría hacer hincapié en cuatro temas que me parecen importantes.
Mi primer punto coincide con el tema toral de este foro, “acciones locales para un reto global”, y a cuyos organizadores deseo felicitar. En efecto, se trata de subrayar el papel central que pueden desempeñar las autoridades públicas locales por lo que se refiere a la responsabilidad de los servicios de agua y saneamiento.
En Francia, dichas autoridades son responsables de estos servicios. Representan a las autoridades públicas organizadoras de un servicio para el cual deciden la forma de administración que les parece más adecuada, en el marco de las reglas administrativas y de los objetivos medioambientales establecidos por el Estado.
De esta experiencia se desprenden algunos principios para garantizar un buen manejo del agua a nivel local. Por ejemplo, la participación de las partes interesadas, principalmente los usuarios, en comisiones consultivas; la existencia de un marco de regulación para evitar la corrupción; el imperativo de la transparencia y de la evaluación de los resultados de los operadores, con objeto de garantizar la calidad y el equilibrio financiero de los servicios.
Por tanto,- y éste será mi segundo punto - considero que las autoridades locales de los países desarrollados constituyen un nivel pertinente para nuevos modos de cooperación internacional. Quiero recordar aquí la acción de las entidades territoriales francesas para apoyar – desde el punto de vista institucional y financiero - a sus interlocutores locales del Sur.
En efecto, Francia implantó en 2005 un mecanismo de solidaridad que permite a sus entidades locales, así como a sus organismos encargados del agua (llamados en nuestro país agencias del agua), asignar hasta el 1% de su presupuesto dedicado al agua y al saneamiento, a acciones de cooperación internacional. Este modo de financiación permite la existencia de una solidaridad directa entre los ciudadanos del Norte y los del Sur. Garantiza asimismo el contacto entre profesionales, lo cual contribuye al intercambio de experiencias y propicia la formación y capacitación de los operadores.
Considero que la responsabilidad local de los servicios de agua y de saneamiento, así como la cooperación solidaria descentralizada, son elementos importantes para que el derecho al agua se convierta en una realidad concreta. Este derecho ya ha sido reconocido por las Naciones Unidas. Pero las palabras no bastan: nuestro objetivo debe consistir en lograr que este derecho sea efectivo. La expresión “derecho al agua” no significa, por supuesto, la gratuidad del agua para todos, ni mucho menos, porque esta gratuidad fomentaría el despilfarro de un recurso limitado y representaría una carga mayor para los presupuestos públicos. En cambio, es preciso encontrar soluciones para los más desfavorecidos, que frecuentemente pagan el agua más cara - a quienes les llevan el líquido - que las personas conectadas a una red.
La expresión concreta del derecho al agua implica compartir los costos con solidaridad y justicia, para garantizar de forma duradera el acceso de todos al agua y al saneamiento por un costo decente, lo cual requiere determinar cuál va a ser la autoridad pública responsable, que se encuentre lo más cerca posible del terreno. El derecho al agua corre parejo con los deberes que deben asumir tanto los usuarios como los poderes públicos. Así volvemos al tema central, una buena gobernabilidad por parte de la autoridad pública encargada de cumplir con la responsabilidad del servicio del agua.
Antes de concluir, desearía recordar el compromiso de Francia en esta lucha por el agua.
En 2003, el gobierno francés decidió duplicar su ayuda pública al desarrollo en el sector del agua. Francia ya es uno de los primeros proveedores de fondos del sector del agua, a nivel internacional, con 368 millones de euros por año. Más allá de la financiación de las infraestructuras, y de acuerdo con las recomendaciones formuladas durante el foro de Kioto en 2003, el gobierno francés refuerza su apoyo a los gobiernos interesados para llevar a cabo estrategias nacionales del agua, promover una buena gobernabilidad, involucrar a los actores locales y evaluar los avances así como la buena utilización de los fondos a través de mecanismos de seguimiento y de evaluación.
Señoras y Señores Ministros y Representantes de los poderes locales: estos mensajes de buena gobernabilidad a nivel local y de solidaridad al servicio de todos los usuarios, son ampliamente compartidos por los que participan en este Foro. Se han retomado asimismo en distintos marcos regionales, tanto en la Unión Europea como en Europa a nivel local, así como por Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, a nivel regional y mundial. Hagamos todo lo necesario para que sean escuchados estos mensajes y que los poderes locales se involucren cada vez más en acciones lo más adecuadas posible para satisfacer las preocupaciones de los ciudadanos con objeto de garantizarles un acceso justo y generalizado al agua.
Muchas gracias.
