Señor Embajador,
Queridos amigos:
En los momentos más negros de su historia, Francia siempre ha podido contar con el pueblo estadounidense. En dos ocasiones, a través del sacrificio de sus hijos, Francia ha podido seguir siendo una nación libre. Sin ustedes, estadounidenses, no hubiéramos podido conservar nuestra libertad. No podemos olvidarlo, no lo olvidaremos nunca, esos lazos son indelebles. Cuando vuestros hijos vinieron a morir a nuestra tierra, que no conocían, vinieron a morir por una idea que era común a ambos lados del Atlántico. Esta es la base, son los cimientos de la relación entre los Estados Unidos de América y Francia. Es por ello que os apreciamos y nos sentimos cercanos a vosotros. Y cada vez que un soldado estadounidense cae, en cualquier parte del mundo, Francia se solidariza con los Estados Unidos de América, porque ese joven soldado se parece a aquel y a aquellos que cayeron en dos ocasiones por nosotros y que sacrificaron su vida.
Por ello, cuando vosotros, Estados Unidos de América, fuisteis atacados frontalmente el 11 de septiembre, todos los franceses se sintieron atacados. Los bárbaros eligieron Nueva York como epicentro, pero podría haber sido París, y en aquel momento nos sentimos, como vosotros, el blanco de aquellos que son enemigos de la democracia.
Como jefe de Estado, he considerado un deber el estar hoy, Señor Embajador, en tierra estadounidense, a vuestro lado, para conmemorar este 10º aniversario que quedará para siempre grabado en la memoria de todos, y para honrar a todos esos inocentes caídos, víctimas de una ideología del odio, de una ideología de la muerte que nada puede explicar y que nada puede justificar.
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