
Sr. Capitán de Navío, Estimados amigos:
Buenas noches y bienvenidos todos a la Residencia de Francia, en la cual me da mucho gusto recibirles.
Esta noche, rendimos homenaje a un hombre, a un marino, quien ha contribuido al estrechamiento de los lazos entre Francia y México, lo cual justifica plenamente la decisión del Presidente de la República francesa de conferirle la distinción de Caballero de la Orden Nacional del Mérito.
Mi Capitán, su trayectoria profesional se ha desarollado totalmente al servicio de su país, así como del mar, por el cual siente Usted una inclinación muy especial.
Para que se entienda mejor el porqué de esta elección, tomaré la libertad de recordar el origen japonés de su padre quien, por circunstancias de la vida, vino a México donde tuvo la oportunidad de conocer a su madre. Gran parte de sus actividades profesionales se centraron en el mundo marítimo y fue uno de los pioneros de la industria atunera en este país. ¿Será, acaso, este interés por el mar el que suscitó la elección de esta profesión?
Inició Usted su carrera profesional en 1972 en calidad de suboficial a bordo de buques de la Marina mexicana. Esta primera parte “a bordo” se terminó con el grado de comandante de corbeta y remolcador entre 1981 y 1988.
Sin embargo, sus superiores le distinguieron invitándole a trabajar en el Estado Mayor desde 1989 hasta 1995, período que terminó en tierra con el cargo de “Jefe de sector naval”.
Luego se le encargó un nuevo puesto de mando en alta mar, pero en ese caso fue de corta duración.
Efectivamente, sus cualidades reconocidas por sus jefes le llevaron, con toda lógica, otra vez a quedarse en tierra, entre 1996 y 2003, asumiendo sucesivamente varios cargos importantes en el Estado Mayor de la Marina y en el Estado Mayor de la Fuerza Naval, en calidad de jefe de las operaciones de superficie y jefe de la sección de Inteligencia, encargado asimismo de las relaciones con los agregados de defensa de los demás países del mundo.
Después de la parte operativa y administrativa, sólo le hubiera faltado cumplir una labor de capacitación, pero esa ya la había empezado en 1978, año en el cual Usted fue instructor de la Escuela Naval. Más tarde, de 2001 a 2003, fue nombrado subdirector del Centro de Capacitación de la Marina, lo cual vino a ser un elemento muy valioso que se sumó a una carrera de por sí muy variada.
Esta trayectoria con múltiples facetas le condujo muy naturalmente a Francia, donde estuvo de 2003 a 2005, cumpliendo las funciones de agregado Naval en la Embajada de México en París.
Durante dicha estancia, valiéndose de todos los conocimientos adquiridos a lo largo de un itinerario profesional tan denso, se interesó muy especialmente en intensificar la cooperación entre las Marinas francesa y mexicana, lo cual logró muy exitosamente.
De tal forma que, en octubre del año pasado, se regresó a México para ocupar un lugar importante, siendo nombrado “subinspector técnico operativo” en la tercera región naval con base en Campeche.
Así he perfilado el itinerario muy destacado de un hombre enteramente entregado al servicio de su país, cuyos servicios excepcionales son reconocidos por todos.
Su nombramiento en la Orden Nacional del Mérito viene a recompensar, con toda legitimidad, al promotor de las relaciones franco-mexicanas y también a un hombre que tiene un profundo afecto por nuestro país.
Usted ha contribuido, por consiguiente, a acercar a las Marinas de nuestros dos países; ésta es una ambición que compartimos: ayer tuve un largo encuentro con el almirante Peyrot González, Secretario de Marina, que me ratificó su deseo de desarrollar la cooperación entre nuestras dos instituciones. En efecto, las Marinas nacionales están en primera fila frente a los retos de la globalización: garantizar la seguridad de las conexiones marítimas internacionales, luchar contra las actividades ilícitas en el mar, acompañar la implementación de las nuevas normas internacionales en materia de pesca o de protección del medio ambiente. Esto representa una tarea inmensa y fascinante, que es también exigente y difícil. Sólo la podremos llevar a cabo desarrollando los lazos de trabajo y de mutua cooperación. Le doy las gracias y le rindo homenaje por haber contribuido a esa tarea.
Con su permiso, desearía mencionar ahora un aspecto más personal, el de la familia, diciendo que la vida itinerante tiene, por cierto, sus encantos, pero presenta asimismo algunos inconvenientes, como la obligación para la esposa y los hijos de adaptarse constantemente a las nuevas circunstancias y, a veces, de renunciar a unos proyectos de tipo personal. Por tanto, al imponerle esta noche esta condecoración, quiero asociar muy especialmente a este homenaje a su esposa y a sus hijos.
Mi Capitán, Au nom du Président de la République et en vertu des pouvoirs qui nous sont conférés, nous vous faisons Chevalier de l’Ordre National du Mérite.
