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Negociaciones en el marco de la OMC

Francia desea que la reunión de Hong Kong sea exitosa.

Dentro de ocho días, 149 actores del comercio internacional se reunirán en la ciudad de Hong Kong para tratar de llegar a un acuerdo sobre los derechos arancelarios y las reglas que permiten la organización de los intercambios comerciales en el mundo. Se ha dicho que Francia ha luchado para impedir los cambios inevitables, con la mirada clavada en sus intereses agrícolas. Nuestra posición no corresponde ni a un reflejo de autodefensa ni a una actitud indecisa. Se trata de promover una visión del mundo y del equilibrio Norte-Sur. Para ello, la Unión Europea debe hablar con una sola voz. Dejemos de creer que Europa existe sin voluntad compartida y sin capacidad de dialogar. La Unión es la primera potencia comercial del mundo. En las discusiones, su negociador tiene mucho más peso que si cada Estado estuviera aislado. Mi convicción es sencilla: mientras más unida esté Europa, más ganarán con ello los intereses comerciales de Francia.

A partir de ahora y hasta la apertura de la Conferencia de Hong Kong tenemos la intención, con Christine Lagarde, Ministra Delegada para el Comercio Exterior, de contribuir al restablecimiento de la confianza entre Francia y la Comisión Europea, al restablecimiento de la solidez de las posiciones europeas. Debemos dejar de mostrar nuestras divergencias. Para la comisión esto implica que haya más transparencia. Para los Estados miembros, la voluntad de tomar en cuenta los intereses de cada uno de ellos. Europa debe volver a tener una posición fuerte en las negociaciones. Por lo que a mí se refiere, tengo la intención de trabajar en ello, en nombre de cierta idea de Europa.

Seamos claros: Hong Kong sólo es una etapa en un proceso más largo, la ronda Doha, la cual comenzó en 2001 y debe terminarse en el mejor de los casos a finales de 2006. Esta ronda, para Francia, debe ser la del desarrollo equilibrado del planeta y del reequilibrio en favor de los países más pobres.

Francia tiene mucho por ganar en un acuerdo que regule la globalización y abra los mercados de fuerte crecimiento. Los derechos arancelarios muy elevados impiden a nuestras empresas penetrar en dichos mercados. Ciertos países emergentes reclaman a Europa concesiones arancelarias, sin embargo, cierran al mismo tiempo sus mercados a nuestras exportaciones. No podemos aceptar una situación que somete los intercambios económicos internacionales a la ley del más fuerte y provoca importantes desequilibrios. Francia desea que haya avances en Hong Kong, pero no a cualquier precio. Si los mercados agrícolas se abren de una manera descontrolada se va a beneficiar a la agricultura de los países emergentes, como Brasil o Argentina. Una disminución brutal de las barreras europeas marcará el fin de la posibilidad de una autosuficiencia para los países más pobres y la muerte segura de la agricultura destinada a la alimentación humana ¿Podemos aceptarlo? No lo creo. Es más que una exigencia moral, se trata de una decisión estratégica que compromete los grandes equilibrios del planeta. Si se quiere luchar en contra del terrorismo, las grandes pandemias, los flujos crecientes de inmigración clandestina, es preciso actuar sobre el desarrollo económico. Africa representaba el 10% de los intercambios comerciales hace diez años, y hoy es el 2%. Aquellos que afirman que una disminución de los derechos arancelarios ayudará al desarrollo de las exportaciones en los países menos avanzados, se equivocan.

No tengamos miedo de defender lo que George Bush llama el “poder verde”. Debido a la evolución de la demografía mundial, no olvidemos la importancia que tiene para un continente ser autosuficiente y también ser capaz de exportar. No olvidemos tampoco la importancia de la seguridad sanitaria en un momento en el cual se propagan tantas endemias.

A aquellos que dicen que Francia no puede a la vez defender la PAC [Política Agrícola Comunitaria] y a los países pobres, deseo también responderles. Gracias a la reforma de la PAC, la Unión Europea ya casi anuló los derechos arancelarios de los países del Sur. Europa recibe 85% de las exportaciones de productos agrícolas provenientes de los países pobres. Su disminución ayudaría, ciertamente, a los países emergentes, sin embargo, no beneficiaría a aquellos que más lo necesitan.

En 2003, Europa implementó una reforma que permitió disminuir de manera significativa las ayudas relacionadas con la producción. Todos nuestros socios se congratularon por ello. El reciente acuerdo sobre el mercado del azúcar mostró la determinación de la Unión para seguir adelante.

Por ello es normal que la Comisión haya recibido el mandato de mantener los compromisos adquiridos. No hay ningún malentendido sobre este punto entre el gobierno francés, el Presidente de la Comisión Europea y el Comisario Peter Mandelson. Se trata de respetar todo el mandato y de aplicar única y exclusivamente el mandato. Una decisión aprobada por unanimidad no debe cuestionarse a causa de la voluntad de algunos.

Finalmente, queremos un acuerdo equilibrado que permita favorecer la expansión del comercio en el ámbito de las industrias y de los servicios. Francia y la Unión Europea están dispuestas a trabajar en este sentido con sus socios. A cambio de los esfuerzos en el ámbito agrícola, es necesario que obtengamos concesiones, en especial de parte de los países emergentes, para garantizar el acceso de nuestras empresas y desarrollar el empleo. Sin estos avances, sin un acuerdo aceptable para todos, la ruta de Doha no llevará a ninguna parte.

Francia esta dispuesta a contribuir a este éxito, pero no puede actuar sola. Cada uno debe aportar lo suyo. La voz de Francia no será la de un proteccionismo calculado sino la de un liberalismo razonado.

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