México DF, a 12 de marzo de 2009.
Damas y Caballeros, estimados compatriotas:
Me siento contento, en mi primer viaje a México, de encontrarme aquí, en este gran Liceo Franco-Mexicano. El plantel más grande del mundo, con aproximadamente 3500 alumnos. Con el lema “dos raíces, un solo fruto”, el liceo es emblemático de nuestra presencia en México: una presencia joven, dinámica, profundamente binacional para muchos de ustedes. Quisiera agradecer al Presidente del Consejo de Administración, Claude Le Brun, y a la Directora, la Sra. Françoise Valière, por ser nuestros anfitriones.
Ante todo quiero decirles lo que esperamos de nuestra relación con México.
Estoy efectuando la primera visita bilateral de un presidente francés a México desde hace diez años. ¡Diez años es un poco largo, de cualquier manera! Afortunadamente somos amigos y tenemos muchas cosas qué decirnos, porque si no fuéramos amigos y no tuviéramos nada qué decirnos, uno se preguntaría ¡por qué esperamos todo este tiempo! Francia y México deben tener las mismas ambiciones, deben aliarse y fortalecerse.
Le había dicho a Felipe Calderón, durante nuestro primer encuentro en París justo después de que resulté electo, que era necesario que cambiáramos el curso de las cosas, que México y Francia deberían tener una asociación estratégica a la altura de los valores que compartimos.
México es un país que cuenta. Forma parte de estos grandes países emergentes, con Sudáfrica, con Brasil y, por supuesto, con China e India. México tiene ambiciones en el plano económico y político. Acabamos, por cierto, de firmar una Declaración Conjunta porque México tiene la vocación de ser un gran protagonista en el escenario internacional, y la declaración que firmamos juntos permitirá mostrar las mismas ambiciones y defender las mismas convicciones en el escenario internacional.
Esta asociación global responde también a nuestros intereses bilaterales. Nos encontramos entre los primeros inversionistas extranjeros en México, pero no es normal que Francia, quinta economía mundial, y México, décima tercera economía mundial, tengamos, a pesar de los esfuerzos de nuestros empresarios, un nivel de intercambios comerciales tan bajo. Vamos a cambiar las cosas. Hemos implementado un grupo de trabajo de alto nivel de jefes de empresa; vamos a conservar la misma calidez en los discursos pero vamos a tratar de que los discursos tengan resultados. Vamos a prometer una gran visión, pero es preciso que se refleje en acciones concretas.
Esta cooperación económica irá a la par de una cooperación universitaria, cultural y científica: hay científicos hoy en la delegación que encabezo, a la que agradezco, que es histórica, tradicional, pero hacía falta verdaderamente que le diéramos un impulso a la economía.
Evocamos las próximas fechas importantes. En septiembre, en el Museo del Quai Branly habrá una gran exposición con México. He invitado al Presidente Calderón a venir a Francia para inaugurarla. Los escritores mexicanos son los invitados de honor del Salón de Libro. Es formidable. Es preciso que Francia aprenda a abrirse. Tenemos una gran cultura, tenemos una fuerte identidad, no tenemos nada que temer de los países que también tienen una fuerte cultura. He propuesto al Presidente Calderón la organización, en 2011, de un año de México en Francia que será un momento muy fuerte para nuestras relaciones bilaterales, lo cual preparará un año de Francia en México. Ya es tiempo de que Francia vuelva a brillar en América Central, en América Latina, con un resplandor digno de su historia y de sus posibilidades.
Estimados compatriotas: les agradezco su numerosa presencia el día de hoy. Con 30 000 residentes, son ustedes la segunda comunidad europea en México, por detrás de la española. Los primeros franceses llegaron, según se dice, desde el siglo XVI, y a partir del siglo XIX, fueron los “Barcelonettes” que tanto han contribuido a la influencia francesa. Sin olvidar a los originarios de Borgoña, a los del País Vasco francés. Todos ustedes contribuyen al resplandor de Francia. Sus motivaciones, los caminos que los han llevado hacia México no son los mismos, pero México atrae a los franceses.
La fuerza de su comunidad, orientada al futuro, es hoy día su diversidad. Ustedes forman parte de una comunidad numerosa, asociativa, solidaria, perfectamente integrada. Su conocimiento de las realidades mexicanas es una ventaja incomparable para nuestra presencia económica y para nuestra presencia cultural.
En este momento de globalización, Francia necesita más que nunca estar presente fuera de sus fronteras. Debemos agradecer a nuestros compatriotas, que aceptan vivir fuera de Francia, la acción que llevan a cabo. Gracias a ustedes Francia es un gran país. Me gustaría destacar, en todo caso, a aquellos que como ustedes, intentan la aventura de la expatriación.
350 empresas francesas: nuestra implantación es significativa, pero es insuficiente en el ámbito de las PYMES, lo cual nos perjudica para el desarrollo de los intercambios comerciales.
Por ello, para mí reviste especial importancia expresarles, franceses de México, mis agradecimientos por lo que hacen ustedes por nuestro país, por lo que contribuyen para su resplandor.
Mis queridos compatriotas: ustedes forman parte del millón y medio de franceses expatriados. Ustedes, los franceses en el extranjero, si bien se encuentran geográficamente alejados de su patria, espero, y estoy seguro de eso, que ella está en su corazón. Francia desea responder a las expectativas que tienen ustedes, a sus preocupaciones y a sus inquietudes. Sé bien que la expatriación tiene sus dificultades y que estas dificultades son grandes, que influyen mucho en todos aquellos que trabajan, que afectan a sus cónyuges, a sus hijos. Sé también que México no es, como lo dice una opereta, únicamente sol. Se han hecho esfuerzos importantes, y es normal, para la seguridad, la protección social y la escolaridad.
Están ustedes preocupados por su seguridad, lo cual es ciertamente legítimo. Quiero por cierto elevar mis pensamientos por dos de nuestros compatriotas que fallecieron luego de actos de violencia en su contra. Quiero decir, porque es mi deber, pero lo hago porque lo pienso profundamente, que comparto el dolor de las familias. He pedido a las autoridades que hagan todo lo necesario para que se aclaren los hechos sobre estos dos crímenes y que los culpables sean castigados. Sé perfectamente que se sienten ustedes inquietos.
Con el gobierno, ponemos todo en práctica para facilitarles la vida. Este año 2009/2010 corresponde a los alumnos de primero de preparatoria, luego a los de segundo y de tercero, ver cómo los gastos de su escolaridad en el extranjero serán asumidos por el Estado
Al respecto quiero explicarme antes ustedes, Estimados Compatriotas. Se me dice con frecuencia: “lo haces porque lo prometiste”. ¡Y ya es una originalidad! Es verdad, les debo una confesión, no he cambiado de opinión. Lo que creía antes de la campaña electoral, mi elección no me ha hecho cambiarlo. Pero más grave que eso, si lo prometí es porque creía que era justo. No es normal que, cuando se escolariza a los hijos en la enseñanza pública en Francia, los gastos sean asumidos por el Estado y cuando por el trabajo, la carrera, el servicio, se va a vivir al extranjero, en lugar de agradecérselos, se saca como conclusión que el derecho que se tenía en Francia, ya no se tiene; porque ustedes portan el estandarte de Francia, independientemente del ámbito, en el extranjero. Es una injusticia. Esta injusticia no la acepto. Por ello, hemos decidido la educación gratuita. Entonces se me dice: “bueno, no había más que crear becas”. Es verdad. Pero me di cuenta de que en el asunto de las becas, ¿a qué categoría de la población corresponden? Quién es demasiado pobre para ser rico y quién es demasiado rico para ser pobre. Aquéllos, cuando se aumentan los impuestos, deben dar su contribución, pero cuando se dan las becas, nunca entran dentro de los requisitos para la beca. He querido entonces los estudios gratuitos para todos. Y añado que no pienso que el papel de las empresas sea el de pagar la escolaridad de los hijos de sus colaboradores. Las empresas tienen, por cierto, muchos otros problemas para ser competitivas y para invertir.
Como último punto se me ha dicho: “sí, pero es caro”. Puedo decirlo porque tengo a los mejores ministros conmigo, pero no hay Ministro del Presupuesto. ¡Excelente! Verdaderamente formidable. Me di cuenta de que su administración considera que una buena medida es una medida que no cuesta nada, porque no funciona. Para mí, una buena medida, es una medida que funciona. Considero que es muy importante lo que hemos hecho. Naturalmente, no quiero que esto excluya a los mexicanos del Liceo Franco-Mexicano. Vamos a encontrar un sistema. Pienso que era una cuestión de justicia.
Y añado, ahora que hablo ante dos parlamentarios eminentes, el Senador Gérard Cornu y el Diputado Georges Tron, que nunca he comprendido por qué cuando se era francés en el extranjero se tenía, en cierta forma, una ciudadanía de segunda zona. Se tenía el derecho de elegir consejeros - ustedes son del extranjero - que ellos mismos elegían a los senadores, pero no se tenía el derecho de elegir a un diputado. Y eso que hay un millón y medio de franceses en el parlamento. Gracias a la reforma de la constitución que hicimos que se votara – constitución que yo quise - ustedes, franceses del extranjero votarán por senadores y por diputados que representarán a los franceses del extranjero. Considero que actuar de esa manera solo es hacer justicia.
Damas y caballeros:
Me gustaría decir unas cuantas palabras sobre la situación francesa. Están ustedes en contacto con el mundo, un mundo que se mueve, un mundo que cambia. Ustedes están bien situados para ver las aspiraciones nuevas en este mundo: las mezclas de cultura, la aspiración de países que no tenían derecho a la palabra, a tomar la palabra. Y es normal. Diría incluso que es sano. Hay grandes países que ejercen sus responsabilidades. Pero el mundo se mueve a una velocidad asombrosa. Con crisis o sin crisis, Francia no puede permanecer inmóvil. Tenemos la oportunidad de apoyarnos en una inmensa cultura, una larga historia, pero eso no debe darnos un pretexto para adormilarnos, para pensar mientras que los otros están trabajando más, están innovando, están investigando más, están avanzando más hacia el futuro, están invirtiendo en la educación, las universidades, la tecnología; pensar que nosotros podríamos conservar nuestro lugar, nuestro status, sin poner en tela de juicio hábitos que podíamos tener hace cincuenta años, porque los papeles entre las grandes naciones ya estaban dados por adelantado y que Francia tenía un lugar de primera línea.
Ahora, cuando ya no hay un lugar pre-establecido, un gran país lo es ahora porque sus ciudadanos lo desean, lo quieren ardientemente. Una población cuenta en el mundo, una civilización, una sociedad, un país, porque se está dispuesto a hacer esfuerzos para contar, porque se está dispuesto a hacer sacrificios para preparar el futuro de nuestros hijos. Si esperamos así nomás, mirando la evolución del mundo y nosotros, avanzamos detrás del mundo a una velocidad mínima, el mundo no va a esperarnos. Esta es la política que he querido, con el Gobierno de François Fillon, comprometerse, permitir que Francia sea uno de los países que cuentan en el mundo de hoy.
Estimados compatriotas: independientemente de la sensibilidad que tengan, de sus preferencias políticas, tiene ustedes un papel por desempeñar; expliquen a sus familias que se quedaron en la metrópolis, lo que es el mundo en nuestros días. Ayuden a Francia a abrir de par en par las ventanas y las puertas, para comprender en qué universo van a vivir nuestros hijos. No los estamos ayudando si los dejamos creer que sin esfuerzos, se puede llegar lejos. Créanme que, independientemente de quiénes sean ustedes, de donde quiera que vengan, de lo que piensen, de lo que hayan votado, este discurso, estas declaraciones, esta pedagogía, cuenta para el país que es el suyo. En resumen, si quieren darnos una mano, ¡bienvenida!
Finalmente, permítanme terminar agradeciendo a quienes me rodean, Gérard Cornu y Georges Tron; nuestro Embajador que verdaderamente ha hecho un notable trabajo, cuyo trabajo quiero elogiar en particular. Quisiera decir ante todo a Bernard Kouchner y a Eric Besson lo mucho que me siento orgulloso de que estén en el gobierno de François Fillon y toda la confianza que tengo en ellos.
Quiero que comprendan, Estimados Compatriotas, que cuando se es electo Presidente de la República, se tiene el deber de ser el Presidente de todos los franceses, y no simplemente de los franceses que votaron por uno. Se es también presidente de aquellos que no votaron por uno. Se es el Presidente de los franceses que no tienen problemas y se es el Presidente de los Franceses que tienen problemas. Se es le Presidente de los Franceses que nunca cometieron errores y se es el Presidente de los franceses que han cometido errores. Esta es la razón por la cual he indicado a las autoridades mexicanas que deseaba yo la aplicación del Convenio de Estrasburgo para el traslado de nuestra compatriota Florence Cassez. No me corresponde decir si es culpable o si es inocente. No me corresponde opinar sobre la justicia mexicana. Yo soy el Presidente de la República Francesa. Cada vez que haya un francés o una francesa a través del mundo, que haga un llamado al Jefe de Estado Francés, mi deber es responder “presente” en la aplicación de los convenios internacionales así como en el respeto del Estado de Derecho y de la democracia mexicana a la cual respeto profundamente.
No se hacen en nuestro país grandes cambios sin una gran mayoría. Para mí, es importante tener a Eric Besson y a Bernard Kouchner. Quiero también expresar a Anne-Marie Idrac, nuestra Ministra de Comercio Exterior, toda mi confianza. Y comprenderán ustedes que conservo para el final a esta joven italiana convertida en francesa que hace tanto bien a Francia. Gracias Carla./.
