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Visita de Estado a México. Cena de Estado ofrecida por el Presidente de la República, Sr. Felipe Calderón Hinojosa

México, D.F., a 9 de marzo de 2009.

ALOCUCION DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA, NICOLAS SARKOZY





Señor Presidente, Estimado Felipe,
Estimada Margarita:

Estamos acercándonos ya al final de esta visita - demasiado corta, sin lugar a dudas - pero enriquecedora en impresiones fuertes y en resultados. Es, así lo creo, el momento de compartirlas, después de haberle agradecido por la magnífica hospitalidad que ha tenido usted a bien brindarnos, con su esposa Margarita.

Me voy a ir de México con la grata impresión de un país que se siente orgulloso – y cómo no estarlo – por su civilización, su historia, la fuerza de sus Tres Culturas, su patrimonio incomparable, del que pude apreciar magníficos ejemplos. Como Francia, México es un país que cultiva la memoria. México cultiva su identidad y los países más abiertos al mundo, son los países que se sienten orgullosos de su identidad.

Me quedo al mismo tiempo con la imagen de una sociedad mexicana en movimiento, tanto desde el punto de vista económico, como cultural y social. Un México consciente del reto y la urgencia de actuar para construir otro mundo. Un México que quiere ocupar todo el lugar que le corresponde en este principio del siglo XXI. Quiero, al respecto, expresarle todo el respeto que me inspira el compromiso valiente de México – y su compromiso personal Señor Presidente – en la lucha contra el crimen organizado y por el Estado de derecho. Quiero decirle, como lo dije a las familias de las víctimas que recibí, lo mucho que comparto su dolor y lo mucho que me inclino ante su pena. Francia está a su lado, Queridos Amigos Mexicanos, en la lucha contra el crimen. Pidan nuestra ayuda, nuestro apoyo, nuestra cooperación: ya la tienen. México no está solo en la lucha contra el crimen organizado. Otros países, antes que ustedes han debido afrontar este desafío y lo han ganado. La democracia mexicana saldrá victoriosa de este combate y puede contar, la democracia mexicana, con la República Francesa a su lado, en este combate, en el cual ningún compromiso es posible.

Diré simplemente, porque lo creo profundamente, que cuando se combate al crimen con las reglas de la República y la democracia, no se combate al crimen con las reglas de los criminales. Otras democracias en el mundo creyeron poder combatir a los terroristas sin respetar las reglas de la democracia. Estos países de debilitaron. Se debe ganar al crimen pero con los métodos y reglas de un Estado de Derecho y de una democracia.

A veces las víctimas, en Francia como en México, no lo comprenden. Y es normal que no lo comprendan pues su sufrimiento es tal que no pueden comprenderlo. Pero los hombres y las mujeres del gobierno deben tenerlo muy presente. Las reglas de la República, de la democracia son la mejor arma contra el crimen. Esto es lo que hace la diferencia entre la fuerza ilegítima del crimen y la fuerza legítima de la democracia.

Finalmente, Señor Presidente, sabíamos nosotros los franceses que teníamos amigos en México. ¿Qué pasó entre nuestros dos países? A finales del siglo pasado, en el siglo XX, México estaba naturalmente orientado hacia la conclusión, y luego la profundización del TLCAN con sus dos grandes vecinos: Canadá y Estados Unidos. Nosotros mismos, Francia, estábamos muy ocupados, muy interesados por una nueva fase de la construcción europea. ¡Nada más normal! Finalmente, México y Francia, a fuerza de sentirnos tan cercanos, ¡acabamos casi por alejarnos! La costumbre es temible en las parejas. La costumbre es temible en la amistad entre los países.

Entonces, con el Presidente Calderón, no quisimos dejar a la tectónica de las placas que nos acercara a un ritmo de algunos milímetros por año. Quisimos violentar las costumbres, desempolvar los discursos, acelerar los acercamientos para lograr una verdadera asociación estratégica. A partir de ahora, en el plano internacional, se sabrá que México y Francia trataremos siempre de hablar con una misma voz, defender los mismos valores, afirmar las mismas convicciones.

Queridos amigos de México: el mundo necesita de ustedes. Dije en el Senado, hace unas horas, que conocía y respetaba el debate sobre la posibilidad de que México enviara soldados a través del mundo al servicio de la paz. Quiero volver a decir, porque es mi convicción, que el mundo necesita que las grandes democracias estén dispuestas a enviar a sus hijos al otro lado del universo para defender la paz y para que reine el orden internacional.

México es un grande del siglo XXI, tiene todos los derechos inherentes a ello y asumirá todas sus obligaciones. Estimado Felipe, Francia quiere, al lado de México, llevar esta misma responsabilidad.

Vamos a tener pronto la oportunidad de experimentar esta colaboración. El dos de abril estaremos, tú y yo, en Londres y, el dos de abril, deberemos exigir cambios fundamentales en la organización. Créanme sinceramente que estos cambios serán llevados por potencias como México y por Francia. Otros se unirán a nosotros. Los supergrandes no tienen un inmenso interés por que las cosas cambien, los grandes no tiene interés por que esto cambie.

Estimado Felipe, Damas y Caballeros representantes electos de México: si nosotros no cambiamos las reglas del juego - nosotros, las mujeres y los hombres políticos electos democráticamente - nuestros pueblos exigirán estos cambios. Si no queremos violencia, entonces debemos tener la sabiduría de exigir resultados en estos cambios. No es el momento, en una cena de Estado, de expresar en detalle lo que son estos cambios. Felipe y yo, a nombre de ustedes, a nombre de nuestros dos países, llevaremos la urgencia de estos cambios fundamentales.

Finalmente que me permita decir que el hecho de que haya pronto un año de Francia en México es un honor. Y la invitación, Estimado Felipe, que le he extendido de un año de México en Francia, no lo decepcionará. Verá usted la amistad, la calidez, la afección del pueblo francés por su civilización, su cultura, su país y su pueblo. Todavía más: verá usted cómo la patria de los Derechos Humanos rinde homenaje a la democracia mexicana. Es preciso señalar que no es tan frecuente en su continente, un país que pasado por tantas pruebas, tanta violencia, tantos pasos adelante y tantos hacia atrás, que se afirma como una de las grandes democracias del mundo.

Estimados Amigos Mexicanos: mi esposa Carla y yo mismo, la delegación que encabezo, partimos a Francia con el sentimiento de tener amigos, aquí. Pero más que amistad, tenemos hermanos con quienes compartimos la misma ambición, los mismos valores, las mismas convicciones.

¡Viva México!

¡Viva Francia!

¡Viva la amistad entre nuestros dos países!

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